La temporada de las Grandes Ligas ha cruzado el ecuador de su calendario regular, ese punto de inflexión donde las rachas de abril se convierten en realidades de julio y los contendientes legítimos se separan de los espejismos. En ese panorama de mitad de año, la Gran Carpa vive bajo una narrativa que empieza a volverse costumbre: el dominio absoluto de los Dodgers de Los Ángeles.
A estas alturas, la novena angelina no solo se ha salido del camino que los proyecta hacia el tricampeonato, sino que avanzan a un ritmo que raya en lo inevitable. Siguen siendo, con justa razón y por un margen considerable, el equipo a vencer en todo el béisbol estadounidense.
La carrera por el título de la división Oeste de la Liga Nacional, que en el papel suele prometer batallas encarnizadas, hoy parece un trámite burocrático. Los Dodgers ganarán su grupo con mucha anticipación; la ventaja que han construido no es solo matemática, es psicológica.
El equipo llegó a la jornada 80 (el miércoles) con una ventaja de 9.0 juegos sobre los Padres de San Diego, que representa su más cercano perseguidor, mientras que Arizona y San Francisco se alejan cada vez más del primer lugar en una caída libre e inevitable.
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No hay otro líder de División que esté a un pie de construir una ventaja de doble dígito sobre su más cercana sombra. Los Ángeles y su regularidad la están cincelando como para llegar a septiembre sin muchas preocupaciones.
Sus rivales de sector buscan una consistencia entre lesiones y altibajos que en nada parece cambiar el rumbo y convertirse en oposición seria para la escuadra angelina. El transatlántico de los Dodgers navega en aguas tranquilas, administrando sus piezas y preparando la maquinaria para octubre.
Sin embargo, el béisbol es el más impredecibles de los deportes. Si bien la temporada regular apunta a ser un monólogo blanquiazul, la verdadera prueba de fuego para este proyectado tricampeonato no estará en el verano, sino en la ruleta rusa que suelen ser las series de postemporada.
Pero al ritmo que van, la primera mitad del trabajo está prácticamente liquidada. Los Dodgers juegan contra la historia, y por ahora, van ganando.
Atlanta y Milwaukee parecen ser los únicos obstáculos más serios en la carrera por el banderín de la Nacional. Pero los Bravos han caído en una mala racha que los hizo desbarrancarse no solo como el mejor equipo de ese circuito, sino que ahora ocupan una plaza en la que tendrían que jugar contra un comodín esa miniserie de tres juegos que los grandes no quieren disputar.
Apostar a favor de los Dodgers está más fácil que un envite en el futbol creyendo que México pueda ganar la Copa Mundial del 2026. Bueno, para hacerlo menos complicado: ¡que llegue a semifinales!