El mar en tiempos del COVID-19

La crisis generada por el COVID-19 alcanza también a un sector sumamente desprotegido, como es el de los pescadores, agudizando su problemática, se por sí ya muy seria.

En Sinaloa, con 650 kilómetros de litorales, más de 60 comunidades pesqueras y una variedad y calidad  extraordinaria de especies  comerciales, los más de 50 mil pescadores tienen todo para vivir sin grandes sobresaltos financieros. Por diversos factores, no lo pueden lograr en condiciones “normales”, mucho menos en condiciones de emergencia sanitaria y económica como la que se enfrenta.

Hace unas décadas aún pensaban que la riqueza del mar era infinita, pero desde hace tiempo se toparon con el muro de la realidad: Hoy la pesca en Sinaloa atraviesa por la más severa crisis de su historia, con pescadores en la pobreza, campos pesqueros abatidos por problemas como el desempleo, la drogadicción, la violencia, la falta de servicios públicos, y con tremenda escasez de especies comerciales.

Además, abandonados o limitados de programas de apoyo gubernamental y marginados en el presupuesto federal para respaldar su actividad.

Así los sorprendió la pandemia y esos problemas se hacen más severos bajo las actuales circunstancias.

La escasa producción de escama que logran los pocos que se mantienen operando, se la pretenden llevar los intermediarios a precios de regalo, bajo el pretexto de los efectos de la emergencia sanitaria y la supuesta baja demanda por esa causa.

Además, muchos que se empleaban en paseos a visitantes de los campos pesqueros para ayudarse en el sustento de sus familias, no tienen ya esa posibilidad. Los turistas no llegan.

Urge ayuda gubernamental de todos los niveles mediante la implementación o reforzamiento de diversos programas, apoyos serios, garantizándoles a las familias de pescadores que la ayuda no quede, como ha sucedido por muchos años, en manos de nefastos líderes o entregada a activistas incondicionales con fines políticos.

Se trata de una emergencia que obliga a que los apoyos lleguen a quienes verdaderamente los necesitan, supervisados escrupulosamente para evitar su mal uso.

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