Denostar para callar las críticas

Ya no es novedad, porque se ha convertido en algo recurrente desde la conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador: La ácida crítica y la descalificación a medios y periodistas que disienten de las acciones de su gobierno.

Ayer lo hizo de nuevo y eso no es poca cosa. No lo es, porque no es lo mismo que al comunicador o al medio en el que trabaja lo descalifiquen y señalen desde la sociedad por desacuerdo con sus notas u opiniones, a que esta práctica se haga y se aliente desde el poder. Y desde lo más alto del poder.

Cada palabra del mandatario lleva un peso extraordinario por el fanatismo que caracteriza a muchos de sus seguidores y convierte al destinatario de la denostación en posible blanco de agresiones, más allá de las que se dan a través de las redes sociales.

En su conferencia mañanera el presidente dijo que “no hay en México periodismo profesional, independiente, no digo objetivo porque eso es muy difícil, pero ético, estamos muy lejos de eso”.

Apuntó: “Nos defienden creo que tres, y estoy hablando de periodistas, nos defiende mucha gente, por eso puedo estar tranquilo, porque hay millones en las redes sociales que nos defienden”.

Enseguida se contradijo: “Buen periodismo es el que defiende al pueblo, y está distante del poder, no el que defiende al poder, el que defiende al pueblo”.

Sí hay periodismo independiente y ético en México: Miles de periodistas cumplen con su función social todos los días con honorabilidad, en medio de carencias, arriesgando no solo su estabilidad económica sino hasta su vida.

¿Necesita el gobierno que lo defiendan los periodistas? No. El gobernante se defiende con acciones responsables, con palabras congruentes e inspirando confianza en la conducción del país.

Mucho es lo que el periodismo crítico y responsable puede hacer en la lucha que debe librar todo gobierno contra la corrupción, el desorden y los excesos, mientras los medios no sean parte de esos vicios.

La genuina libertad de informar y opinar debe ser alentada por el Estado, pues es coadyuvante en ese proceso de logar gobiernos honestos, eficientes y transparentes.

Pésimo mensaje en medio de esta emergencia sanitaria y económica, cuando lo que se requiere es la concordia, el que el propio Presidente aproveche su posición para denostar el quehacer periodístico, donde, como en todo los gremios, hay quienes actúan bajo estricto apego a la ética, y otros que responden a intereses diversos que nada tienen que ver con informar con nobleza y mucha seriedad  a la sociedad.

Y no se desgarren las vestiduras aquellos que ven en cada crítica una conspiración. Insisto: Callar los errores y desplantes desde el poder no ayuda. Siempre he tenido un gran respeto por la firmeza en la convicción ideológica, pero hacer un buen gobierno requiere de la crítica responsable de los medios y comunicadores, no de fanáticos irracionales que enarbolando la lealtad a un líder o a un proyecto se convierten en cómplices de todos sus excesos. 

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