De otros viacrucis

Culiacán, Sinaloa, 20 de julio 2020. Hasta pagar servicios es una calamidad en nuestro país, no se diga recibirlos. De los bancos, aseguradoras, cableras  y más, la atención es de muy baja calidad, rayando en la irresponsabilidad.

Son cuestiones que la inefable Profeco no atiende con la atingencia requerida, y que algunos no son de su competencia, dice; tampoco la Condusef (o la Carabina de Ambrosio) que “recomienda” a quejosos emprender una cruzada legal (inservible) que ya se sabe en qué termina.

En las oficinas de gobierno “de los tres niveles”, pero también en las instituciones educativas, también el desmadre, sin eufemismos. Mala atención, empleados impreparados, altaneros y abusivos, es la constante.

¿ALGUIEN ESCUCHA?

En todos lados de la oficialidad, teléfonos que nadie atiende y ponen en espera por decenas de minutos; burócratas que de nada informan y miran con desdén, incluso desprecio, a quienes requieren la información.

Ventanillas que abren una hora después de lo indicado y que cierran en cualquier momento porque los burócratas están desayunando, o comiendo, o lo que sea.

El pasado fin de semana, con la primera lluvia, de mediana intensidad, en Sinaloa, la debacle en el suministro de energía eléctrica. Lo mismo de antes. Incluso peor.

Funcionarios sin más agenda que la ocurrencia del jefe o la propia, que hacen compromisos a sabiendas que no cumplirán y con la mayor desfachatez ni siquiera se disculpan por su evidente grosería.

LA NORMAL ANORMALIDAD

En suma, el desmadre internalizado como “normal” en un contexto que raya en la demencia, ante la impotencia (y la dejadez) colectiva.

Al contexto kafkiano, agréguese la morosidad crónica de los gobiernos, sin razón justificada y con razonable sospecha de jineteo y manoteo de recursos etiquetados. (De eso nos ocuparemos en otra columna).

Ahora con el llevado y traído Covid-19, las cosas se ponen peor y a ver cómo la van a hacer para que regresen, siquiera, a la simulación laboral, financiera y administrativa, de sobra conocida.

NO LE HAGAN AL INOCENTE

El tráfico de armas de Estados Unidos a México sigue imparable y la prueba está en la capacidad de fuego de los grupos delictivos, con un arsenal que de ningún modo podrían conseguir en nuestro país.

Para ese tráfico se requieren redes delictivas aquí y allá, complicidades y una capacidad de maniobra que necesariamente pasa por la esfera oficial.

Ha dicho el canciller Ebrard que Estados Unidos está cooperando en la investigación para saber si en el (sospechoso) atentado contra Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México (SSPC), se utilizaron armas del operativo “rápido y furioso”, implementado por el gobierno del vecino país, en clara violación a nuestra soberanía.

Será, pero lo evidente es que las armas utilidades en ese opaco atentado vinieron de allá, sin sombra de duda.

No le hagan al inocente, ni al loco (lo que saben hacer muy bien).

EN EL TINTERO

-El extraditado ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, nada más llegar a México fue internado en una suite del Hospital Ángeles del Pedregal, pues, según se informó, tenía anemia y problemas de esófago. Las autoridades españolas han declarado, oficialmente, que Lozoya no presentaba ese cuadro cuando fue entregado para su traslado a nuestro país.

-Por cierto, la llegada de Lozoya, su traslado, el convoy, con el que no era, al Reclusorio Norte; la secrecía y el engaño a la prensa, un verdadero circo. Ojalá no quede en eso.

-Murió John Lewis, uno de los seis grandes líderes que lucharon por los derechos civiles en Estados Unidos, el “Big Six”, encabezado por Martin Luther King Jr. Lewis fue uno de los organizadores de la histórica marcha a Washington, en 1963.

-Con la pandemia imparable en Estados Unidos, Trump acusa a México de no ayudarle; que con su muro, “gracias a dios”, detiene a los mexicanos. ¿Más aplausos?

(cano.1979@live.com).

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