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Cómo el Pato Merlín venció a la maquinaria del marketing mundial

En una era de IA, noticias falsas y contenido fabricado, la autenticidad se volvió el recurso más escaso del mercado

| Heb Martínez

La primera vez que vi a Merlín en mi feed de X —un patito pekinés de dos años, con su jersey de la Selección Nacional y hasta sus calcetincitos, caminando por Reforma entre la afición—, mi cabeza pasó por tres etapas en cuestión de segundos. La primera ni siquiera fue pensar en marketing, fue “esto pasó en otro lado, no en CDMX”, ese reflejo que ya traemos todos de tanta noticia manipulada y tanta fake news. La segunda: “Esto tal vez sea IA”. Y la tercera, cuando por fin procesé y acepté lo que estaba viendo: Este es un caso más de México superando a la inteligencia artificial.

Merlín es la mascota de Karla Gómez, vendedora ambulante, y de su hijo Cristian. Se volvió viral después del 2-0 México vs Sudáfrica, y en cuestión de días aplastó a la mascota oficial del mundial, Zayu el jaguar, y al controversial ajolote de CDMX, que costaron meses de diseño, comités y un presupuesto de locura. Un pato de una señora que vende agua embotellada enterró a la maquinaria de marketing más grande del planeta.

¿Se quedó todo esto como curiosidad en México? No. En cuestión de horas, Merlín ya estaba en la agencia AP, Reuters, Fox Sports, en videos del New York Times y en ABC News; lo buscaron para entrevistas medios de Estados Unidos, y Telemundo lo trató como una figura más del torneo. Ahora aterricémoslo a términos de negocio: eso es earned media global, el tipo de prensa internacional que un pato consiguió gratis y que las mascotas oficiales, con todo su presupuesto, jamás compraron. Cuando algo es auténtico de verdad, el mundo le da su reconocimiento.

Y entonces pasó lo de siempre: las marcas se treparon a la ola del pato. En cuestión de horas vimos a Volaris, a Domino’s, a Flexi y a media docena más sacar su post de ocasión, su logo junto a Merlín, la ocurrencia para meter con calzador un pedazo de la conversación. Le dicen newsjacking, real-time marketing, “estar en el momento”. Desafortunadamente, casi siempre es otra cosa: el ruido de alguien tratando de tomar prestada una credibilidad que no construyó. La gente se da cuenta de estas cosas y bien.

El meme de Merlín es especial y funciona porque era de todos y al mismo tiempo de nadie. En el instante en que una marca le encaja su logotipo, le rompe la gracia. La gente no se enamoró de un pato para que una aerolínea le vendiera vuelos. Colgarse de él a la fuerza no te suma relevancia; a veces solo exhibe que no tienes una conversación propia.

Lo interesante es la sorpresa de quien sí lo hizo bien. La FIFA, en lugar de competir con el pato o de estamparle su marca encima, lo sumó como invitado de honor al Fan Fest del Zócalo. No lo secuestró ¡lo reconoció! ESA es la diferencia entre subirte a un momento y tratar de robártelo. Sí, tal vez le costó a la organización más poderosa del futbol entenderlo en horas, pero a la mayoría de las marcas les toma años.

Aquí está la primera lección para el empresario digital. Estamos en 2026 y sospechamos, con razón, de todo. Una imagen puede ser IA, un video un montaje, una noticia que suena demasiado perfecta para ser cierta, una elaborada mentira. En ese clima de desconfianza generalizada, lo que rompió el ruido fue lo único que nadie pudo planear ni nadie posee. Hace una semana escribí aquí que cada vez más marcas sonaban igual. Merlín es precisamente la otra cara de la moneda.

Lo que no se puede fabricar acaba volviéndose el activo más valioso del mercado.

La segunda lección. Atento. Seguramente muchas empresas mexicanas ya tuvieron su junta de marketing donde alguien encargó: “Rápido, necesitamos ser virales con nuestro propio Pato Merlín”. Tache. Es la pregunta equivocada, porque en el segundo en que lo planeas deja de ser un Pato Merlín. Simplemente no puedes fabricarte uno. Y como vimos con las otras marcas, tampoco debes rentarlo. Lo que sí puedes construir son dos cosas:

Uno. Una marca con identidad propia, lo bastante sólida como para no andar mendigando el momento de otro. Fíjate bien y casi siempre las que se cuelgan a la fuerza son las que no tienen nada propio que decir. Usan el meme ajeno porque de lo contrario no tendrían de qué hablar. Acá escribí un artículo la semana pasada que justo te ayuda a construir tu propia voz.

Dos. La capacidad operativa para reaccionar rápido cuando el momento sí cae en tu cancha. Aquí el negocio pequeño tiene una ventaja que el corporativo no puede comprar. Mientras el grande agenda tres juntas para decidir si reacciona, tú ya reaccionaste. Pero ojo, eso no es suerte ni es magia. Es tener decidido de antemano quién puede aprobar un post sin pedir permiso a nadie más, y confiar en que esa persona tiene el criterio para no meter la pata. Mientras tu cadena de mando sea de un solo eslabón, le ganas al corporativo todos los días. La viralidad no se planea, pero la prontitud sí se entrena. Esa es la parte que sí depende de ti, y la única que vale la pena trabajar.

La canción. El maestro de la guitarra Jeff Beck grabó “Cause We’ve Ended as Lovers” sin pedaleras ni trucos elaborados de estudio — solo la cuerda doblada con el dedo hasta que duela un poco, hasta que suene casi casi a voz humana. Créeme, no hay efecto de guitarra que logre eso. O lo logras en el momento, o no existe. Ponla de fondo este fin de semana y pregúntate cuántas veces tú o tu marca han perseguido ese efecto especial para evitar el trabajo de encontrar una voz propia.

Fuente: Internet

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Heb Martínez

Columnista

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