Buen gobierno, buena sociedad

Condiciones elementales para la convivencia armónica y el bienestar de una comunidad son tener un buen gobierno y ser una buena sociedad.

Aspirar en ese sentido a la perfección se entiende, pero alcanzarlo imposible. Entonces hay que buscar los medios para tener lo que de manera realista se puede tener: un gobierno y una sociedad mayoritariamente responsables.

Están sucediendo cosas en nuestro país que ponen en evidencia que no vamos avanzando en ese sentido y que, al contrario, parece que vamos retrocediendo.

Un Presidente de la República confrontado con el pasado, peleado con medios de comunicación y comunicadores no afines, con empresarios, con gobernadores, que lo mismo llama fifís, conservadores, mafiosos, pirrurris, títeres, peleles o zopilotes a unos que “Comandante Borolas” a un ex presidente del país, que toma decisiones no solo controvertidas sino evidentemente populistas y erróneas, antes y ahora en la emergencia.

Condescendiente con los afines e implacable con los detractores, adversarios los llama él, solo contribuye a acentuar una peligrosa irritación social.

Con cosas buenas que han funcionado, pero con acciones claramente fallidas y sin la humildad para rectificar el rumbo, cambiar estrategias y buscar el control de daños con el menor impacto posible.

Gobernadores tentados a acciones descabelladas y separatistas, conscientes o inconscientes, que agravarían la situación de crisis sanitaria y económica que ya padecemos.

Por otro lado un segmento de la sociedad belicoso, enardecido, que agarra partido por una u otra opción, pero de manera irresponsable, principalmente a través de las redes sociales, busca contagiar de esa rabia.

Con motes groseros e insultos al gobernante, pero sin argumentos sensatos y maduros, busca desfogar su malestar o incompatibilidad con las decisiones desde el poder.

Otra parte de esa sociedad, o la misma más la que sus llamados logra contaminar, asume el desacato de recomendaciones oficiales en la emergencia aun cuando eso atente contra su propia integridad y la de sus familias, como una manera de patentizar su enojo.

Más aquellos que por ignorancia, no tanto por perversidad, asumen la misma conducta.

Y en contraparte el segmento de los defensores a ultranza de los dueños del poder, que con o sin razones fundamentadas califican como traidores a la patria a quienes disienten de lo que hace el gobierno.

Ojalá y en estos tiempos tan complejos y peligrosos, todos, sociedad y gobierno, aportemos lo mejor de cada quien.

Porque a como actuamos, unos y otros estamos quedando a deber.

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