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Bajo el agua

El pueblo de Juan José Ríos, antes Ejido las Vacas, el 21 de febrero cumplió cumple 64 de su fundación. La creación de la Presa Miguel...

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El pueblo de Juan José Ríos, antes Ejido las Vacas, el 21 de febrero cumplió cumple 64 de su fundación. La creación de la Presa Miguel Hidalgo dejó bajo el agua un mundo de pueblos. Este es mi historia (y festejo si es que así se puede nombrar).

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El desorden del polvo sobre nuestras frentes, narra de nuevo, la historia de la ciudad que nos han contado: el pueblo que desaparece en medio del agua para que germine otro pueblo más al sur, con dotaciones de cuarenta por cuarenta de tierra, manos agrias y algunas mentiras: ejidatarios todos al final de cuentas.

Cuando crearon el Ejido Las Vacas nos dejaron sin pueblos, afirman los abuelos con sus cabezas blancas, con su brisa apagada, con la dentadura rota y sombreros de palma en las manos, sin pueblos afirman. Nos dejaron sin muertos, rezan las madres con luto; sin hermanos en la tierra, pero bajo el agua proclaman las hermanas henchidas de sangre; sin padres y bajo el agua declaran los hijos de rostros carmesí; nos dejaron sin esposas bajo un manto inagotable de peces; sin padres muertos que dejamos bajo la cortina de la nueva presa que construyeron los gobiernos, según ellos, para salvarnos de las sequías, de los polvos que circundan las narraciones de los cronistas.

Nos dejaron sin iglesia, que en días de sequía, cuando la presa es presa del olvido lo más alto de sus torres, que rozan el viento fresco, señalan el cielo gris y los cuatro puntos cardinales. Una cruz en lo alto sin nombre, sin estela sin briza, sin llanto nos dejaron.

Pero no, los mandamases dicen que no, que nos regalaron las manos del progreso: una vida nueva, un sendero intransitado, una vereda y amplias parcelas. Pero no les creemos porque respiramos granos de polvo, diminutos, granos en el nuevo pueblo que fundaron los desplazados. Granos diminutos que habitan las manos de mis hijos, la garganta afilada de los cantantes, la enramada de las danzas, en las máscaras cómicas de los danzantes, en las máscaras de cuero y cabello largo, que también danzan en el espacio al ritmo de carrizales y refugios de mariposas enredadas en los pies. Granos diminutos, esporas sublimes en los tambores de la guerra calentados al fuego incierto, para que nos hablen del sábado de gloria, de los testamentos escritos con sorna sobre los políticos del nuevo pueblo, de las paletas de hielo con polvo; para que nos griten de los látigos del castigo y para que hablen las camisas a cuadros las botellas de vino vacías las latas de cerveza al rayo de sol: la basura en el rellano.

Hoy es sábado de gloria. El día que el pueblo festeja su presencia en la tierra y para festejar un toro los hará correr por las calles de las cuales levantaran un mundo de polvo y a las 10 de la mañana la minúscula mano del polvo se posará en los cuernos del toro, que con sangre maltrecha lucha contra los hombres, que también luchan en posiciones desiguales. Brava es la cordura de sus patas, la mansedumbre es ante sus ojos una estela de mentiras.

En la Iglesia del toro hay polvo, que parece que nació en los altares inmensos con sus vírgenes oscuras, con ropajes de gasa, con encajes negros y blancos rosarios que nos piden perdón, que nos rezan con dolor y respiran granos de polvo.

Twitter @EliudVelazquez

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Fuente: Internet

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