México. Ante el reciente brote de sarampión registrado en distintas regiones del país, la preocupación por la salud pública volvió a cobrar fuerza. Clínicas y centros de salud han reportado un incremento en la demanda de vacunas, particularmente entre adultos que buscan protegerse o reducir el riesgo de complicaciones, en un contexto donde la movilidad y la desinformación han favorecido la reaparición de enfermedades prevenibles.
El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que puede afectar a personas de cualquier edad. Su transmisión ocurre a través de las gotículas que se expulsan al toser, estornudar o hablar. El cuadro clínico suele iniciar con fiebre alta, congestión nasal, tos y ojos enrojecidos, seguido por la aparición de manchas blanquecinas en la boca y una erupción cutánea que comienza en el rostro y se extiende al resto del cuerpo. El periodo de incubación varía entre 10 y 12 días para los primeros síntomas y hasta dos semanas para la erupción.
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Aunque en la mayoría de los casos la recuperación se logra en un lapso aproximado de dos semanas, especialistas advierten que el sarampión no debe considerarse una enfermedad leve. Entre sus complicaciones se encuentran la neumonía, la encefalitis, la pérdida de la visión y daños auditivos, con mayor riesgo en niños pequeños, adultos mayores de 20 años y personas con sistemas inmunológicos debilitados. Ante la ausencia de un tratamiento antiviral específico, la prevención mediante vacunación continúa siendo la principal herramienta de control.
En México, el esquema nacional de vacunación contempla la aplicación de dos dosis de la vacuna triple viral (SRP): la primera al año de edad y la segunda a los seis años o al ingreso a la primaria. Asimismo, se cuenta con la vacuna doble viral (SR), ambas disponibles de manera gratuita en el sistema de salud pública y consideradas seguras por las autoridades sanitarias.
¿Los adultos vacunados en la infancia deben volver a aplicarse la vacuna contra el sarampión?
Las autoridades de salud recuerdan que las vacunas contra el sarampión no deben aplicarse a mujeres embarazadas o con sospecha de embarazo. En caso de una aplicación accidental, se recomienda acudir de inmediato a una unidad médica para recibir orientación y seguimiento, sin que ello implique necesariamente un riesgo grave. También se exhorta a las personas que desconocen su historial de vacunación a acudir a su centro de salud para recibir asesoría adecuada.
Los adultos que cuentan con un esquema completo de dos dosis aplicadas durante la infancia no necesitan revacunarse, ya que esta protección alcanza casi el 100% de efectividad. En cambio, quienes solo recibieron una dosis deben aplicarse una vacuna SR, y aquellas personas sin antecedente de vacunación requieren dos dosis, con un intervalo de cuatro a ocho semanas, para garantizar una inmunidad adecuada frente al sarampión.