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Disputa

El País revela la disputa entre cárteles y empresas por una mina de mil millones de dólares

El epicentro del conflicto es el yacimiento de La Ciénega, un área de más de 5,600 hectáreas con una rica historia minera

Mina La Ciénega en Sonora
Mina La Ciénega en Sonora | Foto: Cortesía

México. – Un reportaje publicado por el periódico español El País ha desvelado la dramática lucha por el control de una mina de oro en Sonora, México, con reservas valoradas en miles de millones de dólares.

El artículo, titulado “Oro, armas y cárteles: la batalla por una mina mexicana de mil millones de dólares”, detalla cómo organizaciones criminales han tomado el yacimiento de La Ciénega, utilizándolo como un bastión para el narcotráfico y la extracción ilegal de oro.

Según la investigación de El País, la historia es una compleja mezcla de corrupción, violencia extrema y un inesperado ajuste de cuentas personal.

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La Ciénega: un botín de guerra entre cárteles

El epicentro del conflicto es el yacimiento de La Ciénega, un área de más de 5,600 hectáreas con una rica historia minera. El reportaje de El País señala que la mina, con depósitos valorados en miles de millones de dólares, fue arrebatada a sus propietarios por facciones de “Los Chapitos” del Cártel de Sinaloa y sus aliados, la organización ultraviolenta “Los Deltas”. Estos grupos criminales no solo buscaban el oro, sino que controlaban una ruta crucial para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos.

Para recuperar la mina, el copropietario Nicah Odood contrató a Alejandro Sánchez, un empresario estadounidense con una conmovedora conexión personal con Sonora: creció en un orfanato de Hermosillo, el Instituto Kino. Como detalla El País, Sánchez aceptó el trabajo bajo la condición de que el 1% de las ganancias se destinaría a dicho orfanato, convirtiendo la misión en una oportunidad para retribuir a su pasado.

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Corrupción y “badenes de la muerte”

El camino de Sánchez no fue sencillo, pues se encontró en medio de una zona de guerra. La minuciosa investigación de El País describe el entorno de violencia en el que se movía, donde los pobladores llaman a los topes de las carreteras “badenes de la muerte” porque obligan a reducir la velocidad, exponiendo a los ocupantes de los vehículos a los francotiradores del cártel. Los criminales, equipados con armamento pesado (incluyendo balas calibre .50), fueron descritos por un general retirado a Sánchez como “literalmente un ejército”.

Peor aún, según El País, el empresario se enfrentó a la rampante corrupción en los altos mandos. En una cena en Hermosillo, un político sonorense le exigió un soborno de un millón de dólares para que los generales encargados del norte de México siquiera consideraran una reunión, una demanda que Sánchez se negó a aceptar.

La explotación ilegal y la cámara de tortura

Mientras las autoridades no actuaban —poniendo excusas como la Navidad o las vacaciones de Semana Santa para no intervenir— el cártel operaba la mina sin descanso. El artículo de El País expone que el grupo utilizaba más de 30 retroexcavadoras y bulldozers para remover 1,500 toneladas de tierra al día, extrayendo grandes cantidades de oro. Los informantes revelaron a Sánchez que, solo en abril, los criminales sacaron más de 17 kilos de oro, con un valor estimado de 1.4 millones de dólares.

La violencia de los grupos no se limitaba a la confrontación. Cerca de la mina, el mismo reportaje de El País documenta que al menos una casa había sido convertida en una cámara de tortura, donde las autoridades encontraron posteriormente manchas de sangre en las paredes y fragmentos de dedos en el suelo.

El Despliegue de la Policía Estatal y el informante clave

El punto de inflexión llegó con el cambio en el liderazgo de seguridad. De acuerdo con la investigación de El País, el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, nombró a Víctor Hugo Enríquez al frente de la policía estatal para combatir al crimen organizado. Enríquez comenzó a recibir inteligencia vital de un excomandante militar, un informante clave que colaboró con Sánchez para desarticular a los narcotraficantes.

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El reportaje de El País concluye con el momento en que un convoy policial, con Sánchez a bordo, se dirige a toda velocidad hacia la mina. La odisea del empresario, impulsada por una promesa a su orfanato de infancia, y el despliegue final de las fuerzas de seguridad, conforman una crónica impactante que, gracias al reportaje de El País, ofrece una visión cruda de la minería mexicana y la omnipresencia del poder de los cárteles.

Fuente: El País

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