Ciudad de México.- Los jornaleros agrícolas de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz que trabajan año con año en los estados del norte de México lo hacen en condiciones que atentan contra sus derechos humanos y laborales, acusó el Centro de Derechos Humanos de la Montaña de Tlachinollan, Guerrero.En un foro realizado en el Senado de la República, los defensores de derechos humanos criticaron que estados como Sinaloa y Sonora, principales receptores de mano de obra indígena del país, contraten a los trabajadores de forma verbal, sin documentos de por medio, con traslados de ida pero no de regreso a sus tierras y sin seguro social, como se expuso en un documental que presentaron.El representante de esta organización, el activista Alberto Barrera, criticó que los empleadores sigan contratando menores de edad y mujeres embarazadas.”En una reciente visita de documentación realizada por el equipo de Tlachinollan en Sinaloa, Sonora y Guanajuato constatamos que la población jornalera no tiene información sobre los programas sociales, que servicios elementales como las estancias infantiles no son gratuitas, que la cobertura de los programas es limitada, que la promoción social se ha reducido a la transferencia de recursos, que los trámites que las familias deben de cubrir para ser beneficiarias de los programas son en exceso complejos, que el acceso a los servicios gratuitos en materia de asesoría y representación en materia laboral es sumamente limitada, y sobre que la política social está condicionada a las necesidades de las empresas agrícolas”, criticó.Presente en el foro, la jornalera Ermelinda Santiago, narró cómo vivió momentos terribles durante su estadía en campos agrícolas de Sinaloa.”El trabajo es difícil. Desde chiquita yo trabajé en un campo que se llamaba Progreso, a un lado de Villa Juárez. Trabajé desde que tenía ocho años. Cuando iba en el camino mi hermanito se murió en brazos de mi madre. Después de eso llegamos para pedir apoyo con el señor que nos recibía y nos dijo que no, que no hay apoyo para ustedes porque les pagué para trabajar. El cuerpo del niño tírenlo donde no lo vea. Ese tiempo agarró mi papá un terreno baldío y lo enterremos”, relató.Los patrones no respetaron ni siquiera el terreno donde enterraron a su hermano.”Seguimos yendo tres años después y esa área la limpiaron para sembrar otra vez, el cuerpo del niño desapareció. Después de eso migramos otra vez y ya no volvimos”.En México, más de 2 millones de personas trabajan en la agricultura y 3 de cada 5 provienen de zonas marginadas de estados del sur del país.AA
Desnudan en Senado abusos de patrones agrícolas
Presente en el foro, la jornalera Ermelinda Santiago, narró cómo vivió momentos terribles durante su estadía en campos agrícolas de Sinaloa
Fuente: Internet