Washington. En un giro abrupto de la política estadounidense hacia Venezuela, Donald Trump ordenó detener todo tipo de contacto oficial con el gobierno de Nicolás Maduro. La medida, revelada por The New York Times, encarga a Richard Grenell, enviado especial de la Casa Blanca, que abandone cualquier intento de negociación y centre sus esfuerzos en aplicar presión política y diplomática al régimen venezolano.
La decisión coincide con una serie de acciones militares estadounidenses en el Caribe. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, confirmó que una lancha fue atacada por la Marina frente a las costas venezolanas, dejando cuatro tripulantes muertos. Washington los calificó de “narcoterroristas”, aunque no presentó pruebas de sus vínculos con el narcotráfico. Es el cuarto operativo de este tipo en menos de un mes.
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Trump aseguró que su administración “entrará en la fase dos” de su ofensiva contra el régimen de Maduro, insinuando una posible escalada militar. Paralelamente, el Departamento de Justicia mantiene una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura del líder chavista, acusado de narcoterrorismo y vínculos con el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua.
Mientras tanto, sectores republicanos como el senador Marco Rubio respaldan una línea dura contra Caracas, calificando a Maduro como “fugitivo de la justicia”. La ruptura con Venezuela también deja en entredicho la política diplomática de Grenell, quien a inicios de año había apostado por el diálogo. Ahora, la estrategia estadounidense parece orientarse definitivamente hacia la confrontación y el aislamiento del régimen venezolano