Estados Unidos. La controversia estalló este martes 2 de diciembre cuando la cantante estadounidense Sabrina Carpenter acusó públicamente a la Casa Blanca de utilizar su música sin consentimiento en un video oficial que muestra redadas migratorias. La artista, a través de un mensaje difundido en X, calificó el material como “malvado y repugnante” y exigió que su obra no sea asociada con lo que denominó una “agenda inhumana”.
El video en cuestión incorpora un fragmento de Juno, una de las canciones más exitosas de Carpenter, acompañado de la frase “¿Alguna vez has probado esta?”, mientras se observan escenas de detenciones efectuadas por agentes de la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). La propia cantante subrayó que la letra del tema, centrado en un apasionado deseo romántico y sexual, no guarda relación con las imágenes utilizadas por el gobierno.
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El incidente se suma a otros episodios similares en los que la administración de Donald Trump ha empleado obras culturales para difundir políticas federales, generando molestias entre sus creadores. En meses recientes, la editorial canadiense Kids Can Press protestó por una versión modificada de la portada de Franklin the Turtle, difundida por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, en la que el icónico personaje infantil aparecía empuñando un bazuca. La editorial argumentó que la caricatura representa valores de amabilidad, empatía e inclusión, incompatibles con la imagen presentada.
La polémica surge en un contexto en el que las políticas migratorias del presidente Trump ya enfrentan un escrutinio creciente. De acuerdo con una encuesta del The Associated Press-Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos, el 57 por ciento de los adultos en Estados Unidos desaprueba el manejo gubernamental de la inmigración, señalando que la severidad de las medidas ha superado lo prometido en campaña.
¿Qué impacto podría tener la polémica del uso no autorizado de música en la percepción pública de las redadas migratorias?
La respuesta de Carpenter, sumada a la de otros creadores, subraya un creciente choque entre las estrategias comunicacionales de la Casa Blanca y el sentir ciudadano, reforzando las críticas hacia las redadas y alimentando un ambiente de desaprobación pública sobre la gestión migratoria actual.