Marruecos. Las intensas lluvias registradas en el norte de Marruecos durante los últimos días han provocado una de las crisis climáticas más severas de la última década, con miles de familias desplazadas, ciudades parcialmente anegadas y un despliegue extraordinario de fuerzas de seguridad y protección civil. El fenómeno ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del Estado ante un escenario de emergencia que continúa evolucionando.
De acuerdo con reportes oficiales, más de 50 mil personas han sido evacuadas en distintas localidades de la región de Rabat y provincias colindantes, luego del desbordamiento de ríos y presas que superaron sus niveles de seguridad. Las autoridades mantienen activas las alertas meteorológicas ante la previsión de nuevas lluvias, vientos intensos e incluso nevadas en zonas altas.
Uno de los puntos más afectados es Alcazarquivir, municipio de la provincia de Larache con más de 120 mil habitantes, donde el río Loukkos y el embalse de Oued El Makhazine se salieron de su cauce. Desde el jueves, el ejército marroquí participa en tareas de rescate, evacuación y apoyo logístico, mientras cientos de familias fueron trasladadas a albergues temporales ubicados en áreas elevadas.
El riesgo de una evacuación total de la ciudad no está descartado si el temporal persiste. Como parte de las medidas preventivas, se suspendieron las clases en centros educativos de Alcazarquivir, Kenitra y zonas cercanas a Rabat, además de restringirse el acceso a los puntos más vulnerables para facilitar las labores de emergencia.
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El impacto del mal tiempo también se ha reflejado en el transporte internacional. Las conexiones marítimas entre Tarifa, en España, y Tánger, en Marruecos, fueron canceladas debido a las condiciones adversas en el estrecho de Gibraltar, evidenciando que la crisis tiene repercusiones más allá del territorio marroquí.
¿Puede esta crisis convertirse en una oportunidad para el país?
Aunque las inundaciones representan un riesgo inmediato para la población, el contexto climático ofrece un contraste inesperado con los últimos años.
El regreso del agua tras una larga sequía
Paradójicamente, Marruecos viene de atravesar siete años consecutivos de sequía que golpearon severamente al campo y al abasto de agua potable. En las últimas semanas, el nivel de llenado de los embalses se elevó hasta 60.8%, con ocho mil 220 millones de metros cúbicos almacenados en presas agrícolas, lo que representa un 58% de su capacidad, muy por encima del 25% registrado el año pasado.
La respuesta es ambivalente: mientras las lluvias han generado una emergencia humanitaria, también marcan el cierre oficial del ciclo de sequía, según confirmó el ministro de Equipamiento y Agua, Nizar Baraka. Este periodo crítico redujo en 38% la cabaña ganadera y obligó incluso a suspender el sacrificio del cordero durante el Aid al Adha. Ahora, con la recuperación hídrica, el banco central marroquí estima que el sector agrícola podría impulsar el crecimiento del PIB hasta 4.5% en 2026, con una producción cercana a cinco millones de toneladas de cereal. El reto será transformar esta abundancia en desarrollo, sin que la emergencia actual se convierta en una catástrofe permanente.