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Historia

Hiroshima y Nagasak: la historia atómica contada en imágenes a 80 años de los bombardeos nucleares

Esta muestra fotográfica revela la magnitud del horror, la devastación y las cicatrices humanas que marcaron un antes y un después en la historia mundial

Bomba atómica
Cortesía | Este 9 de agosto se cumplieron 80 años del lanzamiento de la bomba atómica sobre NAgasaki.

Japón. – Ocho décadas han pasado desde que el mundo presenció los primeros, y hasta ahora únicos bombardeos nucleares en un conflicto bélico. El 6 y 9 de agosto de 1945, las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki fueron devastadas por bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos. A 80 años de aquellos días que cambiaron la historia, el recuerdo sigue vivo, como una advertencia del poder destructivo del armamento nuclear.

En el aniversario número 80, las imágenes del horror, los testimonios de los sobrevivientes y las secuelas visibles e invisibles de aquel agosto de 1945 siguen vigentes.

Bombardeo a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki

Se cumplen 80 años del bombardeo a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki

Según los registros, el ataque a Hiroshima ocurrió a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945. La bomba, apodada Little Boy, explotó a unos 600 metros de altura sobre la ciudad y liberó una energía equivalente a 15 mil toneladas de TNT. Se estima que más de 140 mil personas murieron antes de que terminara el año, muchas de ellas carbonizadas instantáneamente o víctimas de quemaduras y lesiones fatales. Un destello enceguecedor, una onda expansiva brutal y una radiación invisible marcaron el inicio del fin de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.

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Tres días después, el 9 de agosto, Fat Man, una bomba aún más potente, de 21 mil toneladas de TNT, fue lanzada sobre Nagasaki. Murieron 74 mil personas hasta finales de ese año. La explosión alcanzó temperaturas de hasta cuatro mil grados Celsius y desató una lluvia radiactiva que envolvió la ciudad, donde aproximadamente 6.7 kilómetros cuadrados fueron arrasados.

Las consecuencias físicas fueron inmediatas y abrumadoras, con incendios masivos, edificios reducidos a escombros, personas lanzadas por los aires, quemaduras mortales y la casi desaparición del tejido urbano en ambas ciudades, construidas principalmente con madera. Pero las secuelas médicas y psicológicas persistieron durante décadas.

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Hibakusha: los supervivientes invisibles

Los sobrevivientes de las explosiones nucleares, conocidos en Japón como hibakusha, enfrentaron no solo los efectos directos de la radiación, sino también una vida marcada por el estigma social, el sufrimiento físico y la discriminación. Muchos vivieron con enfermedades crónicas, trastornos psicológicos y una exclusión social motivada por el temor, muchas veces infundado, de que la “enfermedad de los rayos” fuera contagiosa o hereditaria.

Síndromes de radiación aguda como vómitos, diarreas, sangrados, pérdida de cabello y dolores intensos, mataron a miles de personas semanas después del impacto. Otros tantos fueron víctimas de cáncer y leucemia décadas más tarde. Según la fundación nipona-estadounidense RERF (Radiation Effects Research Foundation), al menos 850 de las personas monitoreadas murieron por cánceres atribuibles a la exposición radiactiva, y más de un centenar falleció por leucemia inducida por la radiación.

En las primeras décadas tras los bombardeos, el dolor de los hibakusha fue un tema silenciado. Muchos ocultaban su condición para no ser marginados en la vida social y laboral. Aunque el gobierno japonés reconoció oficialmente a algunas víctimas, la ayuda se otorgó con criterios restrictivos que dejaron fuera a miles de afectados.

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Con el paso del tiempo, sin embargo, algunos de ellos alzaron la voz y se convirtieron en activistas. Organizaciones como Nihon Hidankyo, fundada por supervivientes irradiados, han luchado incansablemente por la abolición de las armas nucleares y por mantener viva la memoria de lo ocurrido. Su activismo fue reconocido internacionalmente en 2024, cuando el movimiento recibió el Premio Nobel de la Paz.

La rendición de Japón ocurrió el 15 de agosto de 1945, apenas días después de los bombardeos. Para muchos analistas militares, las explosiones aceleraron el fin del conflicto y evitaron una invasión terrestre que habría costado cientos de miles de vidas más.

 

Las conmemoraciones por los 80 años se realizan en ambas ciudades con la participación de cerca de 100 delegaciones internacionales. Una presencia que llama la atención es la de Rusia, que por primera vez desde el inicio de la guerra en Ucrania ha sido invitada oficialmente a los actos de Nagasaki. La presencia de Moscú tiene una carga simbólica en un contexto geopolítico tenso, donde el espectro del uso de armas nucleares ha vuelto a aparecer en discursos oficiales.

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En años recientes, figuras como el papa Francisco —quien visitó ambas ciudades en 2019 para reiterar su rechazo a las armas nucleares— y el expresidente estadounidense Barack Obama —quien acudió a Hiroshima en 2016— han dado visibilidad a la causa pacifista, aunque sin ofrecer disculpas oficiales por parte del Gobierno de Estados Unidos.

Fuente: Línea Directa

Fotografía de perfil de Perla Rodríguez Contreras

Perla Rodríguez Contreras

Editor de Contenidos

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