África. La crisis alimentaria en África continúa profundizándose en un contexto marcado por la falta de recursos suficientes y la disminución del respaldo internacional. Un reciente informe conjunto de la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Africana advierte que el hambre y la desnutrición han mantenido una tendencia al alza en los últimos años, reflejando un deterioro sostenido en las condiciones de vida de millones de personas en el continente.
El documento, respaldado por instancias como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Comisión Económica para África y el Programa Mundial de Alimentos, destaca que uno de los principales desafíos radica en la insuficiente inversión en los sistemas agroalimentarios. De acuerdo con las agencias, incrementar el financiamiento tanto público como privado es clave para contener el avance de la inseguridad alimentaria y la malnutrición.
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A pesar de que en años recientes se ha observado un aumento en el gasto público destinado a sectores como la agricultura, la pesca y la silvicultura, los especialistas coinciden en que los recursos siguen siendo limitados frente a la magnitud del problema. Entre 2017 y 2021, menos del 27% de la ayuda internacional dirigida a África se canalizó a rubros relacionados con la alimentación y la nutrición, dejando al descubierto una brecha considerable.
La situación se ha visto agravada por factores externos, como la reducción de apoyos internacionales aplicada en 2024 por países como Estados Unidos y varias naciones europeas. Estas decisiones han tenido un impacto directo en el aumento del hambre, que suma ya ocho años consecutivos al alza, evidenciando la vulnerabilidad de los sistemas alimentarios del continente ante los cambios en la cooperación global.
En paralelo, la participación del sector privado sigue siendo limitada. El crédito bancario destinado a la agricultura representa menos del 4% del total, mientras que la inversión extranjera directa apenas supera, en algunos casos, los 2 mil millones de dólares anuales. Factores como marcos regulatorios débiles, altos costos financieros y la percepción de riesgo han frenado el flujo de capital hacia este sector estratégico.
Las cifras reflejan la magnitud de la crisis: en 2024, el 20.2% de la población africana —equivalente a 306.5 millones de personas— padecía desnutrición, una proporción significativamente mayor al promedio global del 8.2%. Además, cerca del 59% de los habitantes del continente, es decir, 897.7 millones de personas, enfrentaban niveles moderados o graves de inseguridad alimentaria, duplicando la media mundial. A este panorama se suman conflictos armados, fenómenos climáticos extremos, crisis económicas y desigualdad persistente.
¿Qué se necesita para revertir la crisis alimentaria en África?
Para hacer frente a este escenario, el informe plantea la urgencia de fortalecer los marcos políticos e institucionales que permitan atraer inversiones y reducir riesgos. También propone ampliar el acceso a financiamiento accesible, impulsar a las pequeñas y medianas empresas del sector agroalimentario y aprovechar herramientas como la financiación climática y los esquemas mixtos que combinan recursos públicos y privados.
Claves para impulsar la seguridad alimentaria
El llamado de organismos como la Organización de las Naciones Unidas y la Unión Africana subraya la necesidad de una acción coordinada y sostenida. Sin un incremento significativo en la inversión y sin reformas estructurales que faciliten el flujo de recursos hacia la agricultura, el continente africano seguirá enfrentando una crisis que pone en riesgo tanto su desarrollo como la estabilidad de millones de personas.