Cuba. La expansión acelerada del chikunguña ha encendido las alarmas en Cuba, donde el virus —aparentemente focalizado en Matanzas a mediados de julio— ya afecta a las 15 provincias del país. La enfermedad, transmitida por mosquitos, se ha propagado en un escenario marcado por la escasez de medicinas, fallas en el suministro de alimentos y prolongados apagones que agravan el deterioro de las condiciones sanitarias.
En barrios antiguos de La Habana, los testimonios reflejan la gravedad del brote. Estas historias han sido recopiladas por medios locales, quienes se refieren a Pilar Alcántara, de 81 años, que vive sola y apenas puede caminar por los intensos dolores articulares que siguen al contagio. En la misma zona, Eva Cristina Quiroga describe cómo la fumigación se ha vuelto parte del día a día: “Aquí le ha dado a todo el mundo”, comenta mientras espera para regresar a su vivienda tras la aplicación de químicos en su cuadra.
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El Ministerio de Salud Pública confirmó que la chikunguña es hoy la arbovirosis más extendida del país. Según Francisco Durán, jefe de Epidemiología, más de 47 mil personas fueron diagnosticadas solo esta semana, una cifra que duplica la de los siete días anteriores. El Minsap reconoce que el número real podría ser mayor debido a la población que evita acudir a centros de salud. Además, calcula que cerca del 30% de los cubanos ha contraído alguna enfermedad transmitida por mosquitos en los últimos meses.
¿Qué factores han empeorado la propagación y el impacto del brote?
La precariedad estructural es determinante. Barrios con escasez de agua potable, acumulación de basura y fumigaciones irregulares han creado un ambiente ideal para el mosquito transmisor. A ello se suma la salida del país de más de 12 mil médicos en tres años, la falta de medicamentos y la reciente afectación de más de 600 centros de salud tras el huracán Melissa, elementos que han expuesto la fragilidad del sistema sanitario ante una epidemia en rápido ascenso.