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El poder corporativo de la CGT argentina

La burocracia sindical peronista siempre parece abierta a negociar con el gobierno

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Buenos Aires.- Más de una vez a Hugo Moyano,
el líder sindical que viene de erigirse en una suerte de jefe de la
oposición al gobierno kirchnerista, lo apodaron el ?Hoffa? argentino. A
decir por el poder que supo acumular en más de 23 años al frente del
Sindicato de Camioneros y otros ocho al frente de la Confederación
General del Trabajo (CGT), ese apodo, que lo emparenta con Jimmy Hoffa,
el líder sindicalista estadounidense desaparecido en 1975, le calza a la
medida.

En Argentina, Moyano aparece como la expresión acabada del sindicalista
peronista. Es el representante de una estructura poderosa y coercitiva
desde que surgiera como se lo conoce hoy, en la primera etapa peronista
(1945-1955). ?La columna vertebral del Movimiento?, había bautizado Juan
Perón a la hora de describir su creación más perfecta, la estructura
sindical tal cual se la conoce hoy. Una maquinaria de acumulación
política que a pesar de la destrucción económica de los años 90 y
comienzos del siglo XXI goza de buena salud.

En el sindicalismo, justamente, se había apoyado el fundador del
peronismo para construir su poder y fue el sindicalismo el que encabezó
la resistencia durante los años de la proscripción y el que supo fungir
de vanguardia peronista cuando tras la recuperación de la democracia, no
existía el partido y el gobierno era el de Raúl Alfonsín.

La lucha por entonces fue tan encarnizada que al líder radical le
realizaron 13 huelgas en cinco años y hasta lograron, por el carácter
coercitivo y por las fantasías de los hombres que rodeaban a Alfonsín,
colocar a uno de sus dirigentes en el Ministerio de Trabajo. En eso
siempre los ayudó esa dualidad constante que caracterizó al
sindicalismo. Siempre cohabitaron un sector dialoguista y otro
combativo.

Cada vez que un gobierno peronista necesita encarar una etapa de ajuste
económico, como ocurre actualmente con la administración de Cristina
Kirchner, desde el sindicalismo surgen los más cercanos al gobierno de
turno y los más combativos.

El nuevo mapa sindical quedó plasmado el jueves tras el congreso que
reeligió a Moyano al frente de la CGT. El camionero encarna la oposición
al kirchnerismo y el metalúrgico Antonio Caló, quien se arroga el
cargo, no es otro que ?el hombre del gobierno? entre los representantes
de los trabajadores. Al menos hasta que la tormenta escampe y el
sindicalismo peronista vuelva a ser uno solo, unido, para buscar más y
más poder, en honor a su esencia burocrática. Así ha funcionado desde
1945.

?Lo que Moyano y Caló representan es lo que en Argentina se conoce como
burocracia sindical, la antítesis del movimiento obrero clasista de los
años 60 y 70. Siempre abiertos a la negociación con las patronales y los
gobiernos y con un gran poder económico que no siempre es fácil
justificar?, según explica el sociólogo Flavio Guberman.

De hecho, Moyano tiene varias causas abiertas en la Justicia mientras
que otros de sus colegas, como el líder de los bancarios, Juan José
Zanola, o el ferroviario José Pedraza, se encuentran en prisión, uno por
la adulteración de medicamentos, el otro por el crimen del militante
troskista Mariano Ferreira, hace dos años. A los tres los une una
particularidad: son hombres que administran una sólida fortuna personal.

?Con Moyano y con otros dirigentes de su sector mantenemos profundas
diferencias, pero en los años 90, cuando gran parte de la burocracia
sindical estaba acompañando la destrucción de la industria y de los
trenes, Moyano al igual que nosotros estaba en la calle peleando contra
todo eso?, explica Rubén el Pollo Sobrero, delegado del ferrocarril
Sarmiento, quien no está encuadrado en ninguna de las facciones
sindicales.

A diferencia del más carismático de sus antecesores, el fallecido Saúl
Ubaldini ?el sindicalista de ese sector que mejor llegó a mediar en las
encuestas?, Moyano tiene un proyecto político. Ya lo advirtió el jueves,
cuando dijo que ?los trabajadores vamos a repensar el voto en 2013?.

Su ruptura con la presidenta Cristina Kirchner se justificó en parte
porque ?no fueron incluidos suficientes representantes de los
trabajadores en las listas de diputados?, tal como lo advirtió en su
momento su mano derecha, el líder de los trabajadores de la Justicia,
Julio Piumato. Y es que Moyano siente, como dijo a EL UNIVERSAL en marzo último, ?que ya es el momento que un trabajador llegue a la presidencia?.

Ambicioso y conocedor de los códigos del peronismo y de los resortes del
poder, Moyano leyó que no existe la oposición y fue a ocupar su lugar.
Desde ese peldaño, mientras recibe múltiples ataques del gobierno, y tal
como lo afirmó uno de sus hombres de confianza, ?el próximo presidente
deberá contar con el visto bueno del movimiento obrero?. Y el movimiento
obrero hoy se llama Hugo Moyano. ne

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Liz Douret

Liz Douret

Editor de Contenidos

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