Brasil. La imposición de nuevos aranceles por parte del gobierno de Donald Trump ha encendido una respuesta enérgica desde Brasil, que no descarta llevar la disputa ante organismos internacionales si la vía diplomática no prospera. Las tarifas, que entrarán en vigor el 6 de agosto, impactarán directamente a productos emblemáticos como el café y la carne, esenciales en la economía exportadora brasileña.
Aunque algunos rubros lograron quedar fuera —como fertilizantes, jugo de naranja y partes aeronáuticas—, el golpe no es menor: casi el 36 por ciento del total exportado a Estados Unidos, lo que representa alrededor de 14 mil 500 millones de dólares en 2024, estará sujeto a los nuevos gravámenes.
El ministro de Finanzas, Fernando Haddad, reconoció que el impacto inicial podría haber sido peor, pero advirtió que el conflicto comercial apenas comienza. Confirmó que se reunirá pronto con su homólogo estadounidense, Scott Bessent, en un intento por destrabar el conflicto.
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Desde Brasilia, el presidente Lula da Silva acusó a Washington de agredir la soberanía económica del país. A su vez, el vicepresidente Geraldo Alckmin anunció un paquete de apoyo para los sectores más afectados.
La Casa Blanca justificó las sanciones por motivos políticos, acusando a Brasil de represalias contra seguidores de Jair Bolsonaro. Incluso el juez Alexandre de Moraes, encargado del caso contra el exmandatario, fue sancionado, aunque no posee bienes en Estados Unidos. Su inclusión fue celebrada por Eduardo Bolsonaro, actualmente residente en territorio estadounidense.