Brasil. La reciente detención del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por fuerzas militares de Estados Unidos en Caracas provocó una reacción inmediata del gobierno de Brasil, que calificó el hecho como un “secuestro” y una grave violación a la soberanía venezolana. La postura fue expuesta durante una sesión extraordinaria de la Organización de Estados Americanos (OEA), celebrada este martes en Washington, donde el tema dominó el debate diplomático.
El representante permanente de Brasil ante la OEA, Benoni Belli, fue el encargado de fijar la posición oficial de su país. En su intervención, señaló que tanto la captura de Maduro como la de su esposa, Cilia Flores, así como los bombardeos realizados en territorio venezolano, constituyen una “afrenta gravísima” que rebasa límites aceptables en el marco del derecho internacional. A su juicio, estas acciones no solo afectan la estabilidad interna de Venezuela, sino que abren un precedente peligroso para la región.
Belli advirtió que el uso de la fuerza como herramienta política debilita los principios del multilateralismo y pone en entredicho las normas que rigen las relaciones entre Estados. Subrayó que justificar este tipo de operaciones bajo la lógica de que el fin justifica los medios amenaza con imponer la “ley del más fuerte” por encima de los acuerdos internacionales establecidos, especialmente los contemplados en la Carta de las Naciones Unidas.
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Desde la óptica brasileña, el conflicto trasciende el ámbito bilateral y se inserta en un contexto más amplio de tensiones históricas en América Latina, donde la no intervención ha sido un principio central. El diplomático afirmó que este episodio recuerda prácticas de injerencia que la región ha buscado superar, y alertó sobre el riesgo de una escalada que comprometa la paz regional.
¿Qué consecuencias puede tener esta acción para el equilibrio internacional?
Brasil sostuvo que la normalización de acciones militares unilaterales podría erosionar la confianza entre los Estados y debilitar los mecanismos colectivos de resolución de conflictos, afectando no solo a Venezuela, sino a la estabilidad política de toda América Latina.
Brasil apuesta por diálogo y rechaza la intervención externa
En línea con esta postura, el gobierno brasileño reiteró su compromiso con la preservación de la paz regional y con la búsqueda de una salida política impulsada por los propios venezolanos. Benoni Belli enfatizó que solo un proceso de diálogo inclusivo, sin presiones ni intervenciones externas, puede ofrecer una solución duradera y respetuosa de la voluntad popular y de la dignidad humana.
En este contexto, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, evitó una confrontación directa, pero rechazó la medida adoptada por Estados Unidos al reconocer a la vicepresidenta Delcy Rodríguez como la nueva líder de Venezuela tras la detención de Maduro. Ambos mandatarios sostuvieron una conversación telefónica para analizar la situación interna del país y los efectos de los ataques militares.
Mientras tanto, el presidente estadounidense Donald Trump ha reiterado su intención de mantener el control sobre Venezuela hasta que se concrete lo que denomina una “transición segura”, vinculando este proceso con la recuperación de activos petroleros y advirtiendo sobre posibles nuevas acciones militares. Este escenario mantiene en vilo el futuro político y económico de Venezuela, en medio de una creciente polarización internacional sobre cómo gestionar su crisis.