México. Julio César Chávez, comentarista y exboxeador mexicano que compitió profesionalmente entre los años 1980 y 2005, confesó recientemente, a través de una charla para un podcast denominado “Dementes”, cómo fue la primera vez que se internó para combatir su problema con las drogas.
Y es que después de 12 años de no consumir ningún tipo de enervantes, Julio César Chávez, campeón mexicano, representa ser un ejemplo de superación, no solo en el campo deportivo sino en su vida personal. El pugilista confesó que tocó fondo cuando gracias a las drogas lastimó y ofendió en varias ocasiones a su familia y amigos, llegando incluso a tener alucinaciones por el consumo de bebidas embriagantes. Negándose a su problema de drogas y alcohol, Julio César Chávez confiesa haber puesto guardias armados en su casa para que su familia no lo molestara, y así oponerse a recibir cualquier tipo de ayuda.
En el podcast, Chávez narra cómo fue la primera vez que tocó un Centro Rehabilitación en Guadalajara, y reconoce que solo lo hizo para que su familia lo dejara de molestar, y nada más. Se dijo, en aquel momento, haber sido víctima del engaño de su esposa e hijos, quienes le indicaron que solamente estaría un mes en el centro, con todos los lujos y comodidades, sin embargo fueron cuatro meses bajo tratamiento. Según su historia, reveló que padeció malos tratos y vivió en condiciones deplorables.
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“Me meten, y volteo y veo a 120 cabro$%&$ todos cochinos y mugrosos, y me dicen ‘échale humildad, cab&%$, por hoy te vas a quedar aquí’, y le dije ‘pero por qué, pend&%/, ¿qué no sabes quién soy yo?’, ‘sí, ya sé quién eres tú, eres un pin%&/ adicto más que todos aquí’, le respondí, ‘estás pen$&·, soy el gran campeón mexicano, cómo voy a estar con esta bola de mugrosos, sáquenme de aquí o los voy a agarrar a chingazos”, recordó.
Ante los malos tratos, Julio César Chávez se vio envuelto en una pelea con los empleados del lugar, donde noqueó con total facilidad a cinco personas, y enseguida recibió una golpiza de parte de 20 trabajadores que solo buscaban calmarlo para que pudiera seguir con su tratamiento.
“Me agarro a chingazos, se vienen cinco cabro$%$%& y a los cinco lo noqueo, me pegaron unas patadas y todo, pero me chi%$ a los cinco, pero con 20 cabr·%·&, me pegaron una santa put·%$ entre todos y me amarran”.
Después de cuatro meses de tratamiento, Julio César Chávez tuvo momentos de lucidez, y aceptó su problema de drogas y alcoholismo, sin embargo lamentaba no poder disfrutar de sus riquezas, por estar encerrado.
“Lloraba un chin%· y decía ‘¿qué hice para merecer esto?’, Yo tenía una mansión afuera, yo tenía mi avión privado, mi yate, tenía todos los carros que te puedas imaginar en la vida, de Lamborghini a Ferrari, tenía como 25 carros ahí arrumbados, una mansión con 10 cuartos, alberca y todo, con casa en el mar”, dijo.
Confesó que el encierro desafortunadamente fue en vano, puesto que saliendo del lugar, volvió a consumir drogas y bebidas embriagantes. Incluso, llegó hasta resentido con sus familiares y amigos.