Escuinapa, Sin.- Las manos agrícolas que hoy
residen en el sur de Sinaloa, en esta temporada de cosecha bien se pueden
dividir en tres categorías: aquellas que son paupérrimas, sólo a la buena de
Dios; otras que cuestan directamente al trabajador, con donde hay que pagar una
renta mensual, aunque sea demasiado cara, y no tengan nada en el interior de
casa; y los que mejor la gozan son quienes están en los albergues.
?A mi
espalda están Noelia y Pablo, son dos menores de hijos de familias provenientes
del estado de Guerrero, este es otro de los albergues único en el municipio de
Escuinapa que viven en la elite en comparación a sus paisanos que están más a
la buena de Dios.
Ellos, como
otros niños de sus mismas edades, ayudan con las labores de casa mientras sus
padres trabajan, aunque también nos cuentan que en ocasiones acuden a los
campos agrícolas a cortar algunas hortalizas, y lo hacen desde temprana hora.
?En veces?.
-¿Estás
lavando la ropa tuya o también la de tus hermanitos?
?De mis
hermanitos?.
-¿Tienes
mucha ropa que lavar ahorita?
?No?.
-¿Vas a la
escuela?
?Sí?.
-¿En qué
año estás?
?En tercero?.
-¿Qué te
parece la actividad y qué cortas?
?Chile?.
El albergue
administrado por Sedesol, ubicado en Isla del Bosque, permite que más de 50
familias tengan mejor condición de vida, ya que tienen lo elemental aunque sean
espacios reducidos.
Hilaria
Patricio Romero, mujer jornalera, sostiene que esto les permite cuando menos
estar más seguros a ella y sus hijos.
?Hace un
año que vinimos, la otra temporada estaban los cuartitos, ya los pintaron por
fuera y por dentro; mire, vea?.
??en otros
estados son cuartos de los patrones, ellos nos dan cuarto; por ejemplo, allá en
Chihuahua no nos cobran?, expresó.
Al interior
de este albergue se ubica una guardería, ahí están 25 menores, pero hay días
que alcanza hasta los 40 o más, lo cual implica todo un reto para trabajadores
de Conafe; una de las personas encargadas nos dice que es todo un reto tanto en
el cuidado como en la alimentación, y sobre todo por las horas de cuidado.
?Uno no los
debe de regañar, uno sabe que vienen faltos de cariño más bien; uno les va a
dar lo que los padres no le pueden dar, por qué, pues porque los padres
trabajan, ellos vienen los dejan y a veces los recogen dormidos y se los llevan
a acostar?, indicó.
Es el mundo
que los hermanos indígenas de las regiones sureñas de México en cada temporada
de cosechas se enfrentan y por necesidad emigran al norte del país, donde
Sinaloa se convierte en un sueño que los atrapa para conseguir mejores ingresos
y sostener a sus familias.
Aquí ellos
saben bien que hay que sacrificar tiempo, sobrevivir a distancia de sus estados
nativos y a quienes hayan dejado, pero también esto implica aguantar el trato
como personas, muchas veces hasta de abusos en su propia patria, quizá donde su
único escudo para ellos es su dialecto para tener su comunicación y no ser
invadidos en la privacidad de sus pensamientos. Son manos que recogen el fruto
que muchas veces, ironías de la vida, muy pocas veces llega a sus mesas para
que puedan también ellos degustar.Ver el video aquí CHG
Jornaleros: Del surco al olvido
Mientras los hombres y mujeres acuden al campo, sus hijos quedan a la buena de Dios en su mayoría de los casos, y otros al cuidado de manos generosas
Fuente: Internet