Mazatlán, Sinaloa. Todo un desafío fue para Isabel Barraza convertirse en entrenadora profesional de natación. Mejor conocida como Miss Rossy en la alberca del Colegio Montfort, recibe a decenas de niños de lunes a viernes para involucrarlos en esta gran disciplina y que lleven un desarrollo integral más fortalecido en su vida diaria.
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Todos los días llega con el reto de aprender y que sus alumnos puedan hacerlo, ya que una de sus principales inquietudes para llegar hasta donde el destino y su esfuerzo la han posicionado, fue dejar atrás el miedo al agua y a las profundidades, confesó la maestra, quien es originaria de Culiacán, pero adoptada en Mazatlán.
“La natación es lo que más amo hacer porque en su momento yo tenía mucho miedo nadar. Me daban miedo las profundidades, un día me dije yo quiero aprender, ahora quiero enseñar lo que a mí me costó trabajo, que se den cuenta que sí se puede vencer los miedos y aprender a hacerlo”, dijo.
Con 12 años en este gremio, se ha dado a la tarea de seguir capacitándose y aprendiendo para mejorar como entrenadora, y tiene muy en claro todos los puntos positivos que genera este deporte en el sentido emocional, social y deportivo.
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“Tengo 12 años dando clases de natación, aprender sobre la importancia de la paciencia y la calma para superar el miedo al agua, la necesidad de comunicación clara y positiva para guiar a los estudiantes, la relevancia de crear un ambiente de confianza y la habilidad para enseñar destrezas vitales de seguridad acuática que pueden salvar vidas”.
Barraza abre su corazón y transmite todo lo que ha aprendido a niños con capacidades diferentes, que le han ayudado a fortalecer más su carácter profesional y emocional al generar mayor empatía con todos los que están mejorando su vida diaria a través de este deporte acuático.
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“Trabajar como maestra de niños con necesidades especiales puede traer un gran crecimiento emocional y profesional, incluyendo el desarrollo de la empatía, la paciencia y la inteligencia emocional, además de la adquisición de habilidades pedagógicas adaptadas y una profunda satisfacción al ver el progreso de los alumnos, aunque también implica desafíos como la gestión del estrés y el manejo de dinámicas de aula complejas”.