Guasave, Sinaloa. A veces, el trayecto más largo no es el que se recorre en kilómetros, sino el que atraviesa cuando se enfrenta la soledad, el rechazo o la incertidumbre. Es la historia de Margarita, quién viajaba en autobús desde Ensenada, Baja California, con rumbo a su natal Puebla, pero una experiencia amarga la hizo cambiar de rumbo… y fue en Guasave donde encontró algo inesperado: la empatía de quienes la vieron y de las autoridades que la asistieron.
Según el relato de la directora del Instituto Municipal de las Mujeres en Guasave, Tania Escalante, Margarita iba sola en el camión, con destino a casa. Sin embargo, en el trayecto fue víctima de discriminación por parte de otras mujeres pasajeras. La tensión emocional que vivió fue tal, que decidió bajarse antes de llegar a su destino, sin conocer a nadie y sin saber qué hacer.
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Fue entonces cuando el azar y la solidaridad hicieron lo suyo. Personal de la Unidad de Género la localizó en una tienda cercana, ya caída la noche. Margarita solo pedía ayuda para regresar a Puebla, y fue así como se activaron los protocolos de resguardo y protección.
“Venía de Ensenada, pero ella iba hasta Puebla, venía en un camión, pero sufrió discriminación por parte de otras mujeres, decidió bajarse aquí en Guasave. La encontró la Unidad de Género entonces, ella pedía ayuda para llegar a su pueblo, de donde es originaria”, relató la funcionaria.
Sin embargo, no fue tarea fácil. Desde Guasave no había corridas directas hasta Puebla, por lo que el equipo la trasladó hasta Los Mochis, donde finalmente hallaron un autobús que la llevaría sin escalas. La red de apoyo no terminó ahí: se mantuvo comunicación constante con el chofer durante el trayecto, especialmente cuando la unidad presentó una falla mecánica y Margarita tuvo que abordar otro autobús.
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Finalmente, ella ya está de vuelta con su familia. Su paso por Guasave duró solo unas horas, pero fue suficiente para demostrar que la empatía, cuando es real, no necesita pasaporte ni razones. A veces, solo basta con escuchar, ayudar y tender la mano, como lo que le pasó a Margarita en su estancia en Guasave.