Guasave, Sin. Las recientes muertes de tres adolescentes en el municipio de Guasave han encendido las alarmas entre la población, sobre todo entre los padres de familia, donde se cuestionan el por qué tras una tragedia siguen desafiando el peligro. Sin embargo, según lo explicó la psicóloga Wendy Carrillo, hay un punto medular en este sentido: en la adolescencia su centro de control de impulsos no ha madurado.
Luego de que en menos de una semana perdieran la vida tres menores en Guasave, dos en las aguas del río Sinaloa y uno más por una descarga eléctrica al subirse a un árbol de mango, se cuestionó a la terapeuta sobre el por qué los jóvenes pareciera que no miden los riesgos y prevén las tragedias.
De acuerdo con la especialista, la respuesta está en el propio desarrollo del cerebro adolescente, una etapa en la que predomina la búsqueda de nuevas experiencias, la independencia y el desafío a las reglas.
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“El centro de control de impulsos es lo que tarda más en madurar, se les hace muy fácil porque hay otra del cerebro que ya maduró, que es la búsqueda de independencia, experiencias nuevas. Entonces, una parte del cerebro te está diciendo: es fácil, arriésgate, inténtalo, si tu papá y tu mamá te están diciendo que no, pues hazlo, porque estamos en contra del control, por eso es que todos en la adolescencia hicimos cosas que ahorita decimos: ¿cómo no me maté?”.
Adolescentes no dimensionan el peligro real; esta es la razón
Indicó que durante la adolescencia aún no termina de desarrollarse la zona cerebral encargada de medir las consecuencias y controlar los impulsos, por lo que muchos jóvenes actúan sin dimensionar el peligro real.
La especialista explicó que esta falta de percepción del riesgo provoca que muchos adolescentes minimicen advertencias, incluso cuando existen antecedentes recientes de accidentes o muertes, como fue el caso de Marcos Emiliano, fallecido el domingo 24 de mayo en el río Sinaloa, y en menos de 48 horas el deceso de Carlos Geovanny.
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Mueren dos adolescentes en el río Sinaloa en Guasave en menos de 48 horas
Las declaraciones surgen tras las tragedias registradas en el río Sinaloa, donde un menor de 15 años, Marcos Emiliano, murió el domingo 24 de mayo de 2026 al golpearse la cabeza al aventarse un clavado en zona poco profunda.
Posteriormente, otro adolescente, Carlos Geovanny, de 16 años, perdió la vida prácticamente en la misma zona de peligro, a escasos kilómetros del primer hecho en la zona de cribas donde hay variaciones en el fondo del afluente.
Aunque la información circula rápidamente en redes sociales y medios de comunicación, dijo que muchos jóvenes continúan acudiendo a estos sitios por curiosidad, presión social o simplemente por el deseo de vivir experiencias intensas.
“Los adolescentes no suelen medir el riesgo como lo haría un adulto. Ellos piensan más en el momento, en convivir, en divertirse o demostrar valentía. El problema es que en lugares como las cribas el peligro es real y muchas veces invisible”.
Ante esta situación, Wendy Carrillo insistió en que aquí se conjugan muchos elementos, no solamente es maduración o neurodesarrollo, sino aquí el hecho de que por las condiciones climáticas el río es un lugar de esparcimiento para los jóvenes.
“Ser adolescente, estar dentro de esta categoría de edad, hace que yo me sienta especial y creemos que lo que les sucede a otros no me va a suceder a mí”, dijo, atribuyendo que el ser personas meramente sociales en la etapa de secundaria y preparatoria en los adolescentes es lo que a veces los impulsa a hacer algo para pertenecer a un grupo.