Guasave, Sin.- Doña Maru toda su vida esperó a su príncipe azul. Sin embargo, aunque esa figura no llegó, admite que sí conoció el amor, ese por el que se cometen locuras y se pierde la razón.
Sentada en una silla de ruedas al interior del asilo de ancianos de Guasave, Doña Maru pierde la mirada en la nada, se sume en sus recuerdos de juventud, en aquella persona que amó y de la que tuvo dos hijos, la que muchos, entre ellos sus padres, le pidieron no querer pues sabían que no podría estar con ella.
Aún así, vivía de la esperanza de que algún día su relación se formalizara. Pero eso jamás sucedió.
Sin nada en las manos, sólo el suspiro por lo que no fue, vive desde hace casi un año en la casa del adulto mayor, su hijo, producto del amor del hombre que jamás la amparó, tiene 10 años fallecido, víctima de un paro cardiaco…
Y de pronto, Doña Maru detiene su plática y apuña los labios, sin aceptar que equivocó su decisión.
“El príncipe no, pero sí llegó el amor”.
¿Todavía sigue suspirando usted?
“Sí, no le voy a negar, hasta ahí llega el verdadero amor, [todos] me decían que no, que no era para mí esa persona y me salí con mi capricho”.
¿Ya no espera al príncipe azul?
“No, ya no”.
¿Lo esperó mucho tiempo?
“Toda mi vida, sí tardó”, expresó mientras una lágrima corría por sus mejillas.

Un gran letrero en la pared del comedor les anuncia a los “abuelitos” que este jueves se celebra el día del Amor y la Amistad, algunos de ellos, aún conscientes, traen al presente sus días mozos, cuando el beso y la caricia los acompañaba.
Al fondo, casi dormida, Lupita habla también de su pena, el no haber conocido el amor, pues sus padres no le permitieron vivir la experiencia con aquel hombre del estado de Chihuahua con el que tuvo sólo una amistad, aunque fue su gran amor, reconoce al mismo tiempo que pide no hablar más del tema porque su salud se lo impide.
No recuerda su edad, perdió el acta de catecismo, asegura, pero ronda los 80 años, ocho décadas en las que suspiró por ese amor que nunca llegó.
Doña Maru y Lupita son casos contrastantes, una no hizo caso a sus padres y la otra sí. Eso impactó en sus vidas amorosas, pero con el pasar de las décadas ahora coinciden en que no ya no tiene caso esperar al “príncipe azul”.
