Guasave, Sinaloa. Don Bernardo, el hombre sin pies que deambulaba entre los vehículos en tránsito por calles de Guasave, fue abordado por elementos de la célula de Reacción Inmediata de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, quienes atendieron un reporte ciudadano ante el riesgo que representaba tanto para su integridad como para los automovilistas.
Según información que los agentes que intervinieron le dieron a conocer, el hombre estaba expuesto a las altas temperaturas del mediodía, casi 50 grados centígrados lo que despertó la preocupación de conductores y transeúntes que notificaron la situación a las autoridades.
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Al entablar diálogo con él, el adulto mayor les manifestó no ser originario de Guasave, sino de Los Mochis. Relató que, ante la imposibilidad de trabajar en su ciudad, se traslada unos días a Culiacán y otro a Guasave para obtener algún ingreso, gracias a la solidaridad ciudadana. A pesar de que los agentes le ofrecieron trasladarlo a la central de autobuses para que regresara a su lugar de origen este rechazó cualquier tipo de asistencia.
“Le explicamos que su permanencia entre los vehículos era riesgosa tanto para él como para los conductores. No quiso que lo trasladáramos ni aceptó el apoyo que ofrecimos”, detalló uno de los elementos que participaron en la intervención.
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El ciudadano fue informado del riesgo que implicaba continuar desplazándose entre automóviles y de la posibilidad de ser canalizado a instituciones como el DIF, en caso de requerir ayuda más especializada. Aunque se mostró tranquilo y comprendió la explicación de los agentes, optó por retirarse por su cuenta y evitar el acompañamiento.
Los oficiales señalaron que no se ejerció ninguna presión ni intimidación contra el hombre, y recalcaron que la intervención tuvo como único propósito proteger su bienestar físico y evitar posibles accidentes.
Apenas la semana anterior don Bernardo, de 61 años, habló para Línea Directa de su situación y del riesgo que estaba consciente que corría al exponerse al raso del sol inclemente. Sin embargo, dijo, “hay que chin…” pues a pesar de que no se niega a trabajar tras el accidente con el tren que le cortó los pies, hace siete años, ya nadie lo quiere emplear.
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El caso reabre el debate sobre la atención a personas en situación de vulnerabilidad en la vía pública y la necesidad de contar con estrategias de protección que garanticen su seguridad y bienestar integral.