Culiacán, Sin. En plena isla Musalá un curioso avistamiento llamó la atención de automovilistas y transeúntes: una pulmonía, ese pintoresco vehículo típico del puerto de Mazatlán, rodando tranquilamente por las calles capitalinas.
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No, no era un Tesla ni un modelo de lujo de edición limitada. Era un carrito abierto, con asientos para varios pasajeros, pintado de colores vivos y con la inconfundible silueta que, para los mazatlecos y turistas, es sinónimo de paseos por el malecón y el olor a mar.
Las pulmonías nacieron en 1960, cuando algunos taxistas tradicionales advertían –medio en broma– que viajar en esos vehículos tan expuestos al viento marino provocaría “pulmonía”. El apodo se quedó, y con el tiempo, estas unidades se convirtieron en un símbolo turístico. Hoy en día, iluminadas y decoradas, recorren el malecón, el centro histórico y las playas porteñas.
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Pero en Culiacán… son casi criaturas mitológicas. Ni en Altata es común verlas. Por eso, cuando la imagen se difundió, no faltaron las bromas: que si la pulmonía se había “extraviado” en el mapa, que si el viaje desde Mazatlán había sido demasiado largo o que quizá había llegado por una misión especial.
Incluso hubo quienes especularon con que podría aparecer el próximo domingo 17 de agosto en Altata, durante un evento multitudinario de reactivación turística con vuelo de papalotes y actividades familiares que se celebrará.
Sea como sea, la aparición dejó una pregunta flotando: ¿Qué hacía una pulmonía mazatleca rodando por Culiacán?
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