Culiacán, Sin.- A sólo unas cuantas calles de su domicilio, a plena luz del día y sobre una transitada avenida del sector La Conquista, el doctor Francisco Javier Soto León no pudo hacer nada para detener los proyectiles disparados por un grupo armado que atravesaron su vehículo y posteriormente su cuerpo al norte de la ciudad.
Con casi cuatro décadas de vida, la mitad de ellas dedicadas a las labores de la salud, trabajó como médico en varias comunidades y la capital del estado de Sinaloa, donde actualmente laboraba en el Hospital de la Mujer como neonatólogo y fisioterapeuta.
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Algunos de sus conocidos lo recuerdan como un doctor dedicado a ayudar a la gente sin ningún interés. Así lo demostró en las múltiples tareas que realizó en las brigadas de salud en el municipio de Mocorito, donde recorrió varias rancherías en zona serrana de aquella entidad.
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Allí también trabajó como médico general en el centro de salud de la sindicatura de Pericos, donde se ganó el cariño y respeto de los pobladores al tratarlos como si fueran de su familia, razón por la cual sus pacientes le dieron toda la confianza y corazón.
Tanta era su preocupación por el bienestar de su comunidad que en el mes de agosto del año 2015 solicitó el apoyo al alcalde de Culiacán Sergio Torres Félix durante el programa cabildo abierto, en el que solicitó la ayuda para limpiar un parque de áreas verdes y realizar operativos de vigilancia en el sector del fraccionamiento Portalegre para evitar qué personas inconscientes arrojen basura en dichos lugares.
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Esta mañana, el médico Francisco Javier regresaba de un mandado cuando el motor de un vehículo bramó el sector de La Conquista, el chillido de las llantas se alternaron con la reacción de decenas de automovilistas que voltearon a ver qué sucedía.
Posteriormente las detonaciones secas, similares a las que producen los cuetes chanateros durante los festejos del grito de Independencia, se dejaron escuchar por algunos segundos y luego, enmudecieron para dar paso al sonido de los casquillos al caer al pavimento.
Nadie vio. Todos se agacharon al escuchar los disparos, pero al incorporarse de nuevo se percataron de la realidad, el doctor que muchas veces cuidó la vida de los recién nacidos, que en tantas ocasiones rehabilito enfermos, fue sorprendido por un grupo de gatilleros, un grupo de hombres que jóvenes que tal vez fueron asistidos por él durante los posteriores días al alumbramiento.
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