Guamúchil, Sinaloa. El cielo se vistió de gris desde temprano y, como si Tláloc también quisiera votar, se dejó sentir una ligera llovizna que por momentos arreció, dando la ilusión de que por fin llegaría la primera lluvia de la temporada en la región del Évora.
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Pero no, el agua solo se asomó unos segundos y volvió a detenerse, dejando la jornada con ese típico clima indeciso que invita más a un café que a salir a votar.
En al menos dos ocasiones, la llovizna tomó fuerza como si ya no hubiera vuelta atrás, pero apenas alcanzó a mojar el suelo antes de desaparecer.
Mientras tanto, las casillas se mantienen sin filas y con escasa afluencia de votantes, lo que ha permitido que el desarrollo de la jornada avance sin contratiempos ni aglomeraciones.
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Los funcionarios de casilla, con paraguas en mano y miradas al cielo, se mantienen atentos, más preocupados por si “se suelta” la lluvia que por la participación ciudadana, que hasta el momento ha sido tibia, por decir lo menos.
Lo cierto es que ni la lluvia ni la falta de sombrillas son impedimento: el proceso fluye lento, pero en paz.
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Más allá del resultado electoral, lo que muchos alvaradenses esperan con fe es que Tláloc se anime de verdad y se deje caer con ganas. Porque si bien hoy se elige al Poder Judicial, hay quienes ya sueñan con el sonido de las primeras gotas fuertes sobre el techo.