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¿Quién es el último?: Tremendo viacrucis pasan en Culiacán para conseguir un tanque de oxígeno

El COVID-19 no respeta edad ni condición socioeconómica: en camión urbano o lujosas camionetas, llegan desde la madrugada para poder comprar o rentar un tanque de oxígeno

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Culiacán, Sin.- Son las 5:00 de la mañana, todavía con la luna visible, y ya hay seis personas esperando en la banqueta por un tanque de oxígeno. Un respiro para mantener vivo a su familiar.

Sábado 18 de julio de 2020. Así son todas las mañanas afuera de Infra, ubicada por el bulevar Emiliano Zapata, la empresa más grande en venta y renta de tanques de oxígeno en Culiacán.

La incertidumbre, el miedo y desespero son los sentimientos en común de todos los que ahí hacen fila.

“¿Quién es el último?”, pregunta el que va llegando y agarra su turno.

Algunos, bien preparados, sacan sus bancos o sillas de plástico plegables, y otros se meten al carro para la larga espera.

Después de las 7:00 horas los rayos del sol empiezan a “tumbar” por el desvelo y la madrugada. A las 8:00 ya calan en la piel. 

Llegan los empleados y empiezan a abrir los portones, la gente sale de los vehículos con documentos en mano. Algunos buscan rentar un tanque y otros ocupan rellenar.

Sale gente de todas partes y empiezan los pleitos por el estrés. Llegan, se forman en la puerta y salen los que llegaron de madrugada a defender su lugar. Los que van llegando alegan que se formaron primero, que no vieron ninguna fila. 

El COVID-19 no respeta edades, tampoco situación socioeconómica. Hablan de pacientes niños, adolescentes, y ancianos de más de 90 años, y llegan personas en lujosas camionetas y también en camiones urbanos. ¿Cómo se llevarán los tanques?, quién sabe. Lo primero es alcanzar uno, “la llevada aunque sea en el lomo”, dice un señor bromeando pero con angustia en el rostro.

Otro llega en motocicleta y con mecate para amarrarlo.

“Nombre, oiga. Los sábados es el día más difícil porque los domingos no abrimos, no hay dónde rellenar y la gente se quiere preparar”, comenta un empleado.

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También los trámites son más lentos porque trabajan con menos personal.

Pasan las 8:00 de la mañana y sólo meten a los primeros ocho en la fila de los que quieren rentar un tanque de oxígeno. Los que vienen a rellenar están en otra.

“Si alguien no lo ocupa urgente, le está quitando la oportunidad a alguien afuera”, les dice el empleado a los ocho que pasó.

Nadie dice nada, sólo se voltean a ver.

“Les digo porque nada más ustedes van a alcanzar, los de afuera ya no…”.

Los apuntan en una hoja y los sacan. Después les hablarán de uno por uno para que pasen a hacer el contrato, los vuelven a sacar y les dicen que le hablarán para que metan el carro para subir los tanques.

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Son $5 mil 300 de depósito para rentarlo, para asegurarse que no se quedarán con el tanque. Una parte de ese dinero, alrededor de 4 mil pesos, es devuelto cuando regresan el cilindro porque el paciente muere o se recupera. Así de crudo y así de real.

Te piden copias de la credencial del INE, comprobante de domicilio y la receta donde un médico informe que tu familiar ocupa un tanque. Hay gente que llega sin esos documentos o sin el dinero completo, es un día perdido, dejan sus espacios para volver al día siguiente a hacer fila.

“Un tanque no sirve, ocupas al menos dos”, te recomiendan los que vienen a rellenar y ya tienen experiencia por lo vivido. Explican que si tiene puesto uno, vas y rellenas el otro, pues no puedes quitárselo para ir a recargarlo. Eso “pega” a varios que solo traen dinero contado para un solo tanque. Empiezan las llamadas desesperadas para que les traigan más dinero.

Una señora llora al teléfono, pide conseguir de donde sea.

Este pago incluye la primera recarga y el regulador.

Otra preocupación es que el oxígeno solo dura unas horas, dependiendo de los litros por minuto que se estén suministrando. Al día siguiente o en el mismo día hay que volver por recarga, depende del tamaño del tanque.

“Los chiquitos no sirven porque solo duran 2 horas, esos son nada más para una emergencia”, explican los que ya pasaron por esto.

Pueden ser de 5 a 7 horas esperando, pero el cansancio de los pies no importa si salen con el tanque que ocupan.

Son decenas de historias en un mismo lugar, al que lo contagió su hijo; otros que dicen que solo salían a lo necesario, por comida y en unas de esas salidas ocurrió; gente que no sabe cómo se contagió; y los que agarraron el virus trabajando, pues no les quedaba de otra.

Muchos de los familiares enfermos de estas personas no están en las estadísticas de casos activos de la Secretaría de Salud el Estado, pues coinciden que al presentar síntomas se hicieron tomografías en clínicas particulares e iniciaron el tratamiento al ser diagnosticados con neumonía atípica posible COVID-19, y aunque se les recomendó hacerle la prueba del coronavirus, ven un gasto innecesario de más de $1,500 solo para confirmar, prefieren dejar ese dinero para comprar las medicinas o “juntar” para el cilindro.

Fuente: Internet

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