Mazatlán, Sinaloa. Cada 14 de febrero las calles se llenan de flores, globos y mensajes de cariño. Sin embargo, más allá de los obsequios materiales, este día nos recuerda que lo más valioso no se compra: la amistad sincera, los abrazos que se extrañan y la salud que nos permite compartir momentos.
En las plazas y mercados, los ramos de rosas y girasoles se convierten en símbolos de afecto.
Este jueves 12 de febrero, a unas horas del Día del Amor y la Amistad, algunos mazatlecos entrevistados por Línea Directa expresaron que regalar o recibir flores es un gesto que nunca pierde vigencia y, en ocasiones, una rosa representa una promesa o la nostalgia de alguien que ya no está.
Conoce: ¡Ponen promociones! Hoteleros de Mazatlán se suman a la celebración del Día del Amor y la Amistad
Muchos, al pensar en este día, imaginan el abrazo que darían a ese ser querido que partió, un abrazo que se vuelve eterno en la memoria.
“Una amistad sincera es lo más importante para mí. Sí, puedes dar un detallito, cualquier cosita”, considera María Guadalupe.
“Flores. A mí me gustaría regalar flores y recibir flores”, expresó Elsa Reyes.
“Le voy a hablar de corazón. El mejor regalo que yo quisiera recibir es un abrazo de mi madre porque se me acaba de morir. Eso es el mejor regalo que hubiera recibido”, dijo Erika Anaya.
“Lo que Dios nos dé está bien y lo poquito que nos regalen está bien para uno”, comentó Jesús Ángel.
La celebración del 14 de febrero también invita a reflexionar, pues ¿qué sentido tienen los carros lujosos o los viajes costosos si falta lo esencial? La salud, que para la mayoría de los sinaloenses es el regalo más grande, porque sin ella no hay manera de disfrutar la compañía de quienes amamos.
Entérate: Proyectan construir puente colgante que conecte la Quirino Ordaz con el Parque Central en Mazatlán
¿Qué le da sentido al 14 de febrero, los costosos regalos o gestos simples?
El Día del Amor y la Amistad es, en el fondo, una oportunidad para valorar lo simple, es decir, una conversación con un amigo, un café compartido, una sonrisa inesperada. Es el recordatorio de que la vida se mide en afectos, no en objetos.