PREVENCIÓN DEL SUICIDIO

“No me quiero morir”, dijo “Juana”; dos veces la descolgaron sus hijos y en su quinto intento consiguió quitarse la vida

Es una fatídica historia de depresión a la que durante 4 años dieron seguimiento, pero que al final, pese a que no lo consiguió, se impuso el deseo de sobrevivencia

Créditos: Rubén González
Escrito en SINALOA el

Guasave, Sin.- Dos veces sus propios hijos consiguieron bajar su cuerpo aún con vida y llevarla al hospital, en dos ocasiones más estuvo a punto de desangrarse al cortarse las muñecas, no lo logró, pero hubo una quinta, de la que ya no pudo escapar.

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Es la historia de “Juana”, una mujer y madre de familia guasavense que padecía depresión agravada, durante cuatro años fue tratada médicamente, una voz que al final gritó por auxilio al arrojarse al tren y arrepentirse, pero que lamentablemente murió.

“La atendimos cuatro veces por intento grave de suicidio, dos de ellas acabó en el hospital psiquiátrico de Culiacán, le hicimos de todo: medicamentos, terapias, acompañamiento, no te imaginas todo lo que hicimos por esa señora, y un día la hija vino al hospital por medicamento y la dejó con otro familiar en casa, y la señora se le salió y se arrojó al tren, pero en el último segundo se arrepintió, se regresó pero no alcanzó a regresar por completo el cuerpo y el tren le pegó en la cara y en la cabeza, la señora cuando cae al suelo la gente corre a quererla ayudar y lo primero que dice es: ¡ayúdenme, no me quiero morir!”, narró el psiquiatra Leonardo Lizárraga.

Es uno de los casos, si no el que más fuerte que le ha tocado tratar en su profesión, lucharon incansablemente por ayudarla, de pronto en el último segundo su espíritu de sobrevivencia estuvo presente pero las heridas que sufrió fueron tan graves que no le dieron tregua.

En el peor de los casos, como éste, dijo que todos los seres humanos tenemos el instinto de conservación, que a veces se altera por la depresión, pero realmente todo tiene solución y en la mayoría de los casos la gente se arrepiente en el último momento, no llegan a cometer el suicidio o si lo hacen, lo llevan a cabo de manera parcial, por esa voz que te dice: “No lo hagas”.

Si alguien está pidiendo ayuda, dénsela, el dar gestos suicidas, despedirse, regalar las cosas, como no importarle si pasa o no pasa algo, hace pensar que esa persona está tomando su vida a la ligera y está planeando suicidarse. El acompañamiento es vital y poderla dirigir a una unidad de apoyo especializado.