VIOLENCIA

“Tres veces me pegó, lo perdoné; la cuarta casi me mata, sigo viva y él en la cárcel”: Joven sinaloense

Natalia creyó que era la persona “que más la amaba en el mundo”, y no, no era su pareja, era su propio padre

“Tres veces me pegó, lo perdoné; la cuarta casi me mata, sigo viva y él en la cárcel", narra una joven sinaloense Créditos: Cortesía
Escrito en SINALOA el

Sinaloa.- Natalia es una sinaloense que sabe lo que la violencia puede ocasionar; “tres veces me pegó, las tres lo perdoné, pero hubo una cuarta ocasión y casi me mata”, narró la joven de 28 años quien desde hace dos no ve, ni habla, ni desea comunicación con la persona que ella creyó “era quien más la amaba”: su propio padre. 

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La originaria de Los Mochis, Sinaloa, comenta que de pequeña vio algunos comportamientos agresivos entre su mamá y papá, pero no les tomó la mayor importancia, ya que nunca pasaban de unas palabras y listo, todo terminó. 

A los 15 años fue la primera vez que en carne propia, vio la peor cara de su papá, y fue justo en su fiesta de celebración de la “edad de las ilusiones”, cuando “el señor”, como le llama, montó en cólera y le aventó con un plato de comida en plena fiesta.

“Fue el peor momento de mi vida hasta entonces, nunca imaginé que una tontería sacara de sus casillas a mi papá. Todo fue porque se retrasó el vals y yo terminé con el hombro adolorido porque ahí me pegó el plato que me aventó; lo perdoné, una fiesta siempre es estresante y él había gastado dinero por mí, así que asumí que todo era por estrés”, comentó. 

Recordó que cuando su mamá falleció debido al cáncer, las cosas empeoraron con su papá: las ofensas verbales pasaron a bofetadas y hasta patadas.

“La segunda ocasión fue cuando mamá murió, claro que lo iba a perdonar al señor, estaba dolido y pensé que era su forma de vivir el duelo, pero sus palabras ofensivas por la comida que no estaba a tiempo, aún a sabiendas de que yo debía ir a trabajar; opté por dejarle comida preparada para no retrasar su hora y que sólo él la calentara, pero siempre que llegaba la comida estaba en el piso, me dolía mucho; esa vez me pateó e hizo que me comiera lo que tiró como perro y que lamiera el suelo, lo hice por miedo, pero igual lo perdoné”, recuerda aún entre lágrimas Natalia. 

Pero los primeros casos fueron el preámbulo de lo que venía, lo peor estaba por llegar.

“Sí, hubo una tercera, ya estaba yo con mi esposo, de verdad que ya me sentía protegida, pero cuando las cosas se ponen, nadie te salva más que tu misma; fui a llevarle comida como todos los días desde que me casé, pero ahora me estaba esperando con un cuchillo, me lo encajó en la pierna, me dijo que no me quería ahí de nuevo y me salí corriendo sin importar el dolor y de llevar ahí el cuchillo”, narró. 

Comenta que puso la denuncia correspondiente, se inició el proceso pero no pasó de ahí; pidió además atención psicológica para su papá, la tuvo, no se determinó trastorno mental, pero el factor alcohol estaba haciendo lo suyo. 

“Me suele, claro, han pasado dos años de todo y me duele en alma, recuerdo cuando de chiquita me decía que él sería siempre el hombre que más me iba amar, pero las cosas cambiaron justo cuando más lo necesitaba, me duele mucho, pero cerca de mí o de mi familia no lo quiero nunca”, dijo entre sollozos. 

Finalmente recordó el último episodio de esta “novela” que viven muchas mujeres en México y de la que por desgracia no salen con vida.

“Llegó a mi casa el señor, necesitaba dinero porque no le alcanzaba para la luz y le dije que claro que lo iba a ayudar, que no se preocupara; él me pidió perdón por todo y me dijo que el tratamiento con el psicólogo estaba dando buen resultado; yo tengo una bebé de año y medio, ya camina salió muy acelerada, y fue corriendo con sus brazos abiertos conmigo y eso no le gustó a él; agarró a la niña de la camisita, la levantó, le gritó, todo en segundos, y yo se la quité y le dije que se fuera que era la última vez que lo quería ver y agarré el teléfono para llamar a la policía; él agarró un mono de cerámica que tenía en una mesita y me pegó en la cabeza y a la niña le cayeron partes y se cortó, pero luego se vino y me comenzó a pegar con el puño, me desvió la mandíbula, tuve derrame en el ojo y a la fecha no veo bien; a mi me importaba mi niña que no le hiciera nada, pero sí le pegó en su carita, le sacó sangre de su nariz, si hubiera tenido una pistola lo mato”, detalló Natalia. 

Dijo que fue gracias a los gritos y al llanto de la bebé como sus vecinos llegaron corriendo y sometieron a su padre; uno de ellos le dio un golpe para “atontarlo” en lo que llegaba la policía y se lo llevó. 

“Mi esposo estaba en el trabajo y creo él si lo mata, ahorita no estaríamos aquí, ninguno, pero Dios sabe como actúa y esa cuarta fue la definitiva, ver a mi niña ensangrentada me abrió los ojos, personas como ese señor nunca han querido ni querrán a nadie, ni a su propia sangre”, concluyó. 

Natalia y su familia salieron de Sinaloa tras terminar el caso en contra de su padre. Hoy viven en otro estado del país en donde iniciaron una nueva vida, tratando de dejar atrás los peores momentos en los que ella y su pequeña, están a salvo con alguien que de verdad las ama, las protege y daría todo porque ellas estuvieran siempre bien.