Mazatlán, Sinaloa. Es muy lamentable la tragedia que ocurrió en el río Presidio, pero me faltaron fuerzas para salvarlos a todos, dice el señor Jesús Ibarra Sánchez, mientras su mirada se pierde en un recuerdo. Todavía está grabado en su memoria que también estuvo a punto de morir ahogado cuando las dos niñas lo sujetaron por el cuello en su desesperación por salvarse, y que lo hizo también hasta tomar agua del río.
Han pasado tan solo menos de 24 horas de que la niña Ana Fabiola, de 12 años, y el joven Alejandro, de 25, perdieran la vida en el río Presidio, en la sindicatura de Villa Unión. Y el señor Jesús vuelve a recordar esos minutos y esos segundos que pasaron en esa corriente de agua.
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Sentado en una pequeña barda de la entrada principal del panteón municipal de la sindicatura de Villa Unión, narra a Línea Directa esos momentos de angustia que se vivieron en el río.
Recordó que estaba lavando una camisa en el río, cuando llegaron arriba de una moto el joven con dos niñas, quienes lo llamaban “tío”. Al verlo ahí a él, se fueron hacia esa zona del río donde estaban las cribas, para el lado del paredón y que sabe que son profundas. Pero esa parte escogieron, ya que ya habían ido a donde está el puente y se regresaron.
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Los escuchó cómo se divertían en el agua, ya que llegaron muy alegres. Empezaron en la orilla, pero luego se metieron más hacia adentro. Sin embargo, todo cambió. Empezó a escuchar gritos que pedían ayuda.
Se levantó de donde estaba lavando su ropa y acudió al llamado. Así vestido como estaba, se metió al río. Nadó unos 10 metros a donde estaban ellos, y sólo alcanzó a agarrar a las dos niñas, quienes se le prendieron al cuello en su desesperación, y al muchacho no alcanzó a sujetarlo, aunque reconoce que lo hubieran ahogado entre los tres, ya que duraron un rato luchando, pero no podían salir a la orilla.
“Siento yo que es una cosa muy fea la muerte de ellos, ¿verdad?, por la desesperación. Ellos se desesperaron muy feo por salir. De lo cansados que estaban se desesperaban y no me dejaban nadar para afuera; no me rendía la nadada, pues, y las arranqué del cuello a las dos niñas. El plebe ya iba más delante de nosotros”.
-¿Todavía estaba consciente el muchacho?
“Todavía estaba luchando para salir a la orilla, pero no pudo el muchacho, se fue para abajo, se sumió para abajo… y la otra niña igual; andaban casi los dos juntos pidiendo auxilio, pues, pero nadie llegaba, más que yo estaba ahí, hasta después llegó uno en una canoa, pero ya no se pudo salvarlos, pues”.
Hace una pausa y expresa que también él estaba a punto de morir ahogado, ya que las dos niñas lo tenían bien sujeto de su cuello en su desesperación por salvarse.
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“Qué más quisiera haber hecho para que no se ahogaran, pero en cuanto no me ahogué yo, pero sí sentí que tomé agua de ahí, porque ellos me tenían agarrado de aquí del ‘buche’, bien agarrados con las manos y no me dejaban salir a la orilla, no me dejaban mover nada”.
El señor Jesús recuerda que tomó a la niña de 8 años y la llevó a la orilla, hasta ponerla a salvo. Sin embargo, al voltear, ya no vio ni al joven ni a la otra menor, por lo que cree que se sumergieron para ya no salir. Agrega que estuvo a punto de que fallecieran cuatro y no dos.
“Iban a ser cuatro conmigo, pero gracias a Dios que logré salir yo, pues, con la niña esa que le digo, que saqué para afuera, porque estaba fuerte la corriente, estaba fuerte”, manifiesta.
Y aclara que no rescató también a sus otros dos hermanitos menores, como mencionan algunas personas, sino que solo fue a la niña que se llama Brittany, de 8 años. Esos niños los llevaron al lugar cuando la gente se dio cuenta de que se estaban ahogando y que llamó a los números de emergencia.
Afirma que no se considera un héroe, porque se perdieron dos vidas; estaban jóvenes los dos, tanto la niña como el muchacho, por lo que admite que al recordar de nuevo, se pone nervioso, pero desgraciadamente, así fue la muerte de ellos.
Don Jesús Ibarra Sánchez, con 58 años de vida, se dedica a hacer mandados que les piden algunas personas, a la jardinería y a limpiar casas, “haciéndole la lucha para comer”, como él mismo lo dice, con hermanos que viven en la comunidad de El Walamo, de donde es originario.
Para finalizar, pide a la gente que lleva a sus hijos al río a pasar el día en familia que tenga mucho cuidado, porque hay partes del río profundas, porque de ahí sacaron arena y grava, y si la gente no sabe, puede haber otras tragedias que se deben de evitar.