Culiacán, Sinaloa. En medio del caos vehicular, los claxonazos y el calor sofocante del asfalto, hay rincones en Culiacán donde la naturaleza aún resiste: Las Riberas y la Isla de Orabá, dos pulmones urbanos donde si levantas la vista es posible cruzarte con una mirada prehistórica desde la copa de un árbol: la de una iguana.
Estos espacios verdes no solo son zona de esparcimiento para las familias, también son hábitat de dos especies de iguanas que, sin hacer ruido, conviven con la rutina citadina: la iguana verde y la iguana negra o de cola espinosa.
Sigue toda la información del centro de Sinaloa en la sección especial de Línea Directa
La iguana verde de gran tamaño, puede alcanzar hasta los dos metros de largo incluyendo la cola. Es la clásica trepadora tropical: elegante, arborícola y diurna. Está protegida por la NOM‑059‑Semarnat, y es común verla asomarse entre las ramas, tomando el sol en las alturas.
En contraste, la iguana negra es más robusta, de cuerpo compacto y cola espinosa. Prefiere los suelos y las orillas rocosas. Aunque más discreta, también forma parte del ecosistema del parque y está considerada una especie amenazada debido a la pérdida de su hábitat natural. Si te descuidas, cualquiera de las dos podría robarte tu comida.

Iguanas tomando el sol.
A pesar de sus diferencias, ambas especies han encontrado la forma de coexistir sin pelear por el territorio. La abundancia de árboles, suelos abiertos, sombra y áreas soleadas en Las Riberas y Orabá genera los microhábitats ideales para su supervivencia.
Podría interesarte: ¡Ojo! Este domingo habrá cierres viales por carrera pedestre en Culiacán
Pero su presencia también implica responsabilidad. Aunque no son agresivas por naturaleza, las iguanas pueden defenderse si se sienten acorraladas, lanzando coletazos o incluso mordiendo. Las autoridades ambientales recomiendan no intentar agarrarlas, no perseguirlas, ni acercarse en exceso para selfies.
Además, se han reportado incidentes donde iguanas han sido atacadas por perros sueltos. Llevar a las mascotas con correa y bajo control es parte del respeto hacia esta fauna urbana.
Pero ojo, Las Riberas no es el único espacio donde las iguanas han hecho su hogar. En Culiacán existen otros rincones donde estos reptiles conviven en plena armonía con distintas especies, y uno de los más emblemáticos es el Parque Culiacán, mejor conocido como Parque 87, ubicado al sur de la ciudad.
Te sugerimos: Alcalde de Culiacán destaca rehabilitación de 20 canchas de futbol durante su administración
Este parque es un verdadero refugio urbano para la biodiversidad local. Ahí es común ver iguanas de gran tamaño tomando el sol sobre las ramas de los árboles o desplazándose con tranquilidad entre la vegetación cercana al lago. Lo más llamativo es su convivencia pacífica con otras especies como patos, tortugas y aves silvestres, entre ellas carpinteros, zanates y palomas que se posan en los árboles o se alimentan en las orillas del agua.

Iguana disfrutando del suelo y el día soleado.
Lejos de sentirse amenazadas, muchas de estas iguanas parecen ya acostumbradas a la presencia humana. Los corredores que entrenan por la zona, así como las familias que acuden a caminar o dar de comer a los patos, conviven con ellas en un ambiente de respeto y observación. Este parque, más allá de ser un espacio recreativo, se ha convertido en un pequeño ecosistema urbano donde la naturaleza todavía resiste y se deja ver en su esplendor.
En tiempos difíciles como los que vive Culiacán, ver una iguana trepando un guamúchil o cruzando con elegancia una banqueta, es una postal distinta. Una forma simple, pero poderosa de reconectar con lo que aún queda del entorno natural.