Guasave, Sin. Luego del histórico hallazgo de un crematorio prehispánico en Palos Verdes, municipio de Guasave, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha dado a conocer imágenes sorprendentes del sitio, que permiten dimensionar la riqueza ritual y simbólica de esta zona arqueológica.
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Se trata de un espacio ceremonial en el que, según investigaciones iniciales, se realizaban rituales vinculados con infantes, probablemente con significados asociados a la vida, la muerte y la regeneración espiritual. Restos de estructuras circulares, zonas de combustión y fragmentos de cerámica policroma evidencian la profundidad cultural del hallazgo.
El arqueólogo Rodrigo Vivero Miranda, quien encabeza el proyecto de investigación, explicó que este crematorio ha sido registrado oficialmente como patrimonio cultural, al representar uno de los pocos sitios en el noroeste de México, y el único en Sinaloa con evidencia de este tipo de prácticas. Las piezas recuperadas ya fueron resguardadas por el INAH nacional por su valor histórico.
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Las imágenes difundidas revelan con claridad la distribución del sitio, donde pueden observarse restos óseos pequeños, restos de carbón, piedras calcinadas y fragmentos decorados en tonos ocre, rojo y negro, típicos de culturas prehispánicas que influenciaron esta región.
Durante la primera semana de excavaciones en el sitio, el equipo encabezado por Rodrigo Vivero Miranda, localizó el crematorio exclusivo para infantes de 0 a 1 año de edad, una estructura inusual en la región. Según el arqueólogo, se trata de una especie de caja funeraria construida con muros de adobe, de forma abstracta, que mide aproximadamente 30 centímetros de ancho, con paredes de 3 centímetros de grosor. En su interior se hallaron restos óseos calcinados, abundante ceniza y fragmentos extremadamente pequeños, sin presencia de piezas dentales, lo que indica que se trataba de bebés que aún no desarrollaban dientes, e incluso fetos de entre 36 y 40 semanas de gestación.
Este tipo de arquitectura y práctica funeraria tiene pocos paralelos en México; hasta antes de este hallazgo, solo se había documentado algo similar en “La Playa”, un sitio del norte del desierto de Sonora y en la región Hohokam de Arizona, lo que sugiere conexiones culturales y rituales con civilizaciones del suroeste de Estados Unidos. Los investigadores estiman que este crematorio fue utilizado entre los años 200 y 600 d.C., lo que lo convierte en uno de los vestigios más antiguos y singulares del noroeste del país.
Aunque el uso de crematorios en contextos funerarios es bien documentado en zonas como el centro y sur de Mesoamérica, la presencia de uno en Sinaloa amplía el panorama arqueológico del norte del país. Se considera que este espacio era utilizado no sólo para disposiciones funerarias, sino como parte de rituales de tránsito espiritual vinculados con la infancia.
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El INAH informó que continuarán las excavaciones en el sitio, y exhortó a la ciudadanía a respetar la zona, ya que se trata de un bien protegido por las leyes federales.
Este seguimiento reafirma la importancia del hallazgo para el patrimonio arqueológico nacional y plantea nuevas interrogantes sobre la complejidad ritual de las culturas prehispánicas en el norte de México.