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En el Día de los Abuelos, a sus 101 años de edad, ¡sigue siendo un Don Juan!

Genio y figura hasta la sepultura, por voluntad renunció a una familia propia, nunca quiso abandonar su forma de vivir, la que le daba placer; pidió de regalo unos tenis, playera blanca, ropa interior y un coco preparado

En el Día de los Abuelos, a sus 101 años de edad, ¡sigue siendo un Don Juan!

En el Día de los Abuelos, a sus 101 años de edad, ¡sigue siendo un Don Juan!

Guasave, Sin.- Apenas el 24 de julio sumó un año más al centenario de vida, 101 años tiene ya, su nombre Juan Arce Armenta, y así literal, se ha ganado el “estigma” de Don Juan.

En el marco del Día de los Abuelos, Línea Directa llegó al asilo de ancianos donde radica desde hace casi tres años y la consigna fue precisa, seguro contestaría lo que él quisiera aún y cuando nada tuviera que ver con las preguntas, pero no porque su edad le impida discernir, sino porque es su forma de ser, además de que el oído le ha mermado un poco y estando tan lejos físicamente de él sería difícil. Aun así era interesante la plática con él precisamente porque a su edad tendría mucho que contar.

Curiosamente la premisa no se cumplió, Don Juan Arce accedió a salir hasta la puerta de entrada porque las visitas están prohibidas por la pandemia pero en su mente ya había decidido que sería de esos días en los que no está dispuesto a hablar, sino a jugar al “dilo con señas”.

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En cuanto llegó la encargada del asilo, la plática inició.

“Contéstale Pa, háblale. Son de esos días de que amaneció de que a puras señas nos va a hablar, sí es por días, así pasa; dice que ya se quiere ir. Es el que tenemos más independiente de los 13”.

¿A pesar de su edad?

“Sí, así, así le gusta a él, así va a pasar todo el día, todo nos va a pedir a señas”, relató Karla Montemayor, haciendo intentos por convencerlo de que respondiera cuando menos el saludo.

Luego, luego estiró su mano queriendo el saludo con las visitas tratando de ignorar los protocolos de prevención que limitan el acercamiento para antes de salir ya se le había dotado de gel antibacterial que él mismo, sin ningún inconveniente, esparció por sus extremidades.

Usa silla de ruedas porque sus piernas al paso de los años han perdido la fuerza, a veces se le dificulta lograr el equilibrio y de esta manera no corre riesgos, él solito la mueve porque sus brazos aún son resistentes.

“Llego aquí junto con su hermanita, nada más que hace ya años que falleció ella, de unos 90 y tantos creo que murió la señora, eran longevos pues los dos, pero están al pendiente de él todavía gracias a Dios, vienen y sí los conoce, sí los ubica”, respondía mientras hacía esfuerzos por zafarse de los brazos insistentes de Don Juan.

Los sobrinos del “abuelito” eran quienes se hacían cargo de su cuidado y el de su hermana hasta hace tres años en la comunidad de Cubilete, de donde es originario, pero ya no pudieron hacerlo pues la edad también los mermó y optaron por la casa de asistencia, a la que normalmente van a visitarlo.

Ellos fueron los que les dieron a conocer la historia de vida de este centenario hombre que huele el cabello recién lavado de su cuidadora, luego la toma de su mano, le acaricia el brazo e intenta besarla mientras platica, hace algunas señas en respuesta a las preguntas pero no accede a hablar, hasta que por fin, el sol que calentó sus pantalones oscuros lo obligó.

“(carcajea)”.

¿Oiga no se casó usted?, (niega con la cabeza)

¿Por qué?

(Hace musarañas refiriéndose al pasado y a las mujeres como las que tiene enfrente)

“Su familia cuenta que por lo mismo, que decía él que para qué se iba a casar, que decía que si había tantas para qué se iba a amarrar con una; era el lema de él y pues usted ya se dio cuenta de que sí”.

-“Va a caerse el sol, vamos para adentro”.

-“Vamos pues”.

-“Ándale mijita, ándale”.

-“Arce, pérame Pa”.

-“¿Por qué?”.

– “Vamos pues”, ríe a carcajadas contento porque han accedido a sus peticiones.

El punto es que Don Juan no sólo quería regresar al interior del asilo por el incesante calor que ya desde la mañana se hacía presente, eran otras sus pretensiones, eran incluso esas propuestas indecorosas que seguramente hizo a muchas mujeres en su haber y que le obligó a renunciar a una familia, a unos nietos que jamás existieron pero que de haberlos tenido quizá en estos momentos lo estarían disfrutando.

LM

Fuente: Línea Directa

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