Guamúchil, Sinaloa. Bajo el inclemente sol de junio, en la calle Benito Juárez, justo donde termina el fraccionamiento Lomas de Los Achires y comienza el tramo de tierra que conecta con la carretera Guamúchil-Angostura, hay un hombre con una pala, sudando y sacando piedras del camino. Se llama Eduardo Velarde, tiene 64 años y desde hace dos años se dedica a limpiar ese pedazo de calle sin pavimentar, con la esperanza de que algún conductor le recompense con una moneda, aunque sea “para las tortillas y la sal”.
“Hay unos que sí me ayudan, me dan para una coca”, dice con voz tranquila, pero con una mirada cansada.
Eduardo trabajó muchos años hasta que un accidente lo dejó fuera de la vida laboral formal. No tiene pensión. No tiene sueldo. Pero tiene fuerza de voluntad y un deseo firme de ganarse la vida con dignidad.
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El tramo que atiende mide aproximadamente 300 metros. Las piedras grandes, esas que suelen dañar suspensiones o levantar nubes de polvo, son su especialidad.
“Las saco para que no batallen los carros, hay unas bien grandes”, cuenta mientras con su pala despeja el terreno.
Su jornada inicia temprano y termina cerca del mediodía, cuando el calor ya se vuelve insoportable.
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Aunque no siempre le va bien, dice que algo saca: “Unos 100, 120 pesos, hay días que menos. Pero con eso compro lo necesario, de perdida para las tortillas”.
Eduardo también atraviesa momentos difíciles en casa: su esposa está en vías de ser operada tras varios meses enferma.
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“Apenas la van a operar, ya tenía tiempo mala”, comentó, y se nota la preocupación en sus palabras.
A pesar de todo no pierde la fe ni la sonrisa tímida con la que agradece cada moneda que cae en su mano.
“Con que me acompañen, que me ayuden con lo que hago… Eso me basta”, dice mientras se acomoda el sombrero para seguir trabajando.