Culiacán, Sinaloa. Bajo el sol de la tarde, el aroma a flor recién cortada envuelve la Central de Abastos al sur de Culiacán. Este 31 de octubre, decenas de personas llegaron desde temprano con una misma intención: escoger las flores más frescas y coloridas para adornar las tumbas de sus seres queridos el próximo domingo 2 de noviembre.
En los pasillos improvisados entre camiones y puestos, el naranja del cempasúchil domina la vista. Hombres cargan enormes ramos sobre los hombros, mientras mujeres revisan con cuidado los pétalos, comparan precios y eligen las coronas que mejor representen el cariño que perdura más allá de la muerte.
“Hay que comprar desde hoy porque el domingo todo se acaba”, comenta una mujer con el rostro enrojecido por el sol, mientras acomoda un ramo de lirios blancos. A su alrededor, el bullicio no cesa: el sonido del papel celofán, las tijeras que cortan tallos, los gritos de los vendedores que anuncian ofertas y el olor mezclado de rosas, margaritas, gladiolas y hojas verdes.
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Los floristas trabajan sin descanso. Algunos arman arreglos en el suelo, otros atan flores con hilo o alambre sobre cajas de cartón. Los camiones sirven como sombra y bodega a la vez; de su interior salen baldes repletos de flores que en cuestión de minutos desaparecen entre las manos de los clientes.
El ambiente es festivo, aunque marcado por la nostalgia.
“Cada año vengo a comprar las flores para mis padres”, dice un señor mientras sostiene un ramo de alhelíes. “Es lo menos que puedo hacer: llevarles algo bonito”.
El cempasúchil, símbolo de la vida y la muerte, es el protagonista indiscutible. Su color intenso ilumina las calles y los mercados, recordando que en México la muerte no se teme, se honra.
Este fin de semana, miles de familias recorrerán los panteones de Culiacán con los brazos llenos de flores y los corazones cargados de memoria. Porque en Sinaloa, la tradición no muere: florece cada año entre el olor del campo y la esperanza de un reencuentro.
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¿Qué significa la flor de cempasúchil?
La flor de cempasúchil simboliza la vida, la muerte y el renacer; es el puente entre los vivos y los muertos en la tradición mexicana. Su nombre proviene del náhuatl cempoalxóchitl, que significa “veinte flores”, aludiendo a la abundancia de sus pétalos. De color intenso y aroma inconfundible, representa la luz del sol que guía a las almas hacia las ofrendas durante el Día de Muertos. En los altares se coloca para iluminar el camino de quienes regresan y recordar que la memoria mantiene viva su presencia.
¿Por qué las familias sinaloenses mantienen viva la tradición de llevar flores a sus difuntos cada Día de Muertos?
Porque más allá de un acto simbólico, es una forma de conexión emocional y cultural con quienes ya partieron. En Culiacán, esta tradición representa un lazo que une generaciones, donde el cempasúchil, con su color y aroma, guía el recuerdo y renueva el vínculo entre la vida y la muerte; un gesto que mantiene floreciendo la memoria colectiva año tras año.