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Emociones en los niños: el factor invisible que puede frenar el aprendizaje en el aula

“Detrás de un alumno distraído puede haber un problema personal”. No todo tiene que ver con falta de atención o bajo rendimiento, advirtió el especialista

Niño de kínder aplaudiendo en una silla pequeña
Importancia de que docentes y padres sepan identificar estas señales sobre emociones en niños | Foto: Cortesía

Guasave, Sinaloa. No todo problema en el aula tiene que ver con falta de atención o bajo rendimiento. En muchos casos el origen está fuera de los libros y dentro de lo emocional, así lo expuso el especialista en psicopedagogía, Jesús Mario Mancillas Peñuelas, al abordar el impacto que tienen las emociones en el proceso de aprendizaje.

Explicó que cuando un alumno llega con una carga emocional fuerte, simplemente no está en condiciones de aprender, por lo que insistió en la importancia de que docentes y padres sepan identificar estas señales.

“Cuando yo hablo sucede algo mágico: cuando estoy lleno de una emoción no puedo pensar. Soy maestro y estoy enseñando conocimiento, pero si el alumno llega lleno de una emoción no puede aprender. Entonces, le pregunto ¿qué te pasó? Lo escucho, llora si tiene que llorar, y ya después de eso le decimos: ahora sí, vamos a seguir trabajando”, señaló.

El especialista explicó que muchos de los problemas que se ven en el salón no empiezan ahí. Detrás de un alumno distraído o con bajo rendimiento, dijo, suele haber situaciones personales o familiares que terminan afectando directamente su desempeño.

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Por eso, insistió en que antes de llamar la atención o exigir resultados, lo primero es detenerse a ver qué está pasando con ese estudiante. A veces basta con escucharlo un momento, darle espacio y dejar que se exprese para poder retomar después la clase en mejores condiciones.

Niños en un aula

Foto: Cortesía

Comentó que una vez que el alumno logra tranquilizarse o desahogarse, es más fácil integrarlo nuevamente a las actividades. En algunos casos, agregó, también es necesario canalizarlo con un especialista para que reciba un seguimiento más adecuado.

Aclaró que esto no significa que los maestros tengan que asumir un rol de psicólogos, pero sí desarrollar la sensibilidad para darse cuenta cuándo un alumno necesita algo más que una explicación o una llamada de atención.

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También aprovechó para hacer un llamado a los padres de familia a involucrarse más, ya que muchas de estas situaciones nacen en casa. En ese sentido, destacó que la comunicación entre escuela y familia sigue siendo clave.

Hacia el final, dejó en claro que el estado emocional de los estudiantes no es un tema menor. Si eso no está bien, difícilmente se puede esperar un buen proceso de aprendizaje.

¿Cómo puede un maestro detectar si un alumno está emocionalmente afectado?

Algunas señales pueden ser cambios en su comportamiento, falta de concentración, aislamiento o bajo rendimiento repentino. Lo más importante es generar confianza para que el estudiante pueda expresarse; una conversación breve y empática puede revelar mucho más que cualquier evaluación académica.

Fuente: Línea Directa

Fotografía de perfil de Jonathan Espinoza

Jonathan Espinoza

Editor de Contenidos

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