Norte

¡Donde las nubes coronan las montañas! San José de Gracia, un tesoro perdido en la sierra

Una travesía que obliga al disfrute, al contacto con la naturaleza, con el descubrimiento de arroyos y caminos entre acantilados, cuyo pueblo edifica la historia, un escenario perfecto para el recuerdo

Es San José de Gracia un tesoro perdido en la sierra (Línea Directa)

Es San José de Gracia un tesoro perdido en la sierra (Línea Directa)

Guasave, Sin.- La sierra es esplendorosa en temporada de lluvias, el verde de su vegetación te vuelve a la vida, allá donde las montañas tocan las nubes y se coronan. Casi cinco horas de camino adentrándose en la Sierra Madre Occidental, pareciera que no tiene fin. 

Son las 6:00 horas y hay que dirigir el rumbo, la ciudad se queda atrás para arribar al pueblo señorial de Sinaloa de Leyva, esas calles adoquinadas por las que parece no pasar el tiempo, pero que te acercan a la víspera de una comunidad rica enclavada en lo alto de los cerros que desde lo lejos se aprecian. 

El tráfico es casi nulo, lo angosto del camino no permite más de dos vehículos a la vez, de no ser porque las lluvias han dejado su huella el transitar sería lento pero cómodo, el verde olor que se respira no aprisa el paso, la parada es obligatoria, hay que capturar las imágenes, ese hermoso paisaje que invita a regresar. 

Irena tiene apenas 14 años de edad, viste una playera blanca tipo polo que en los puños graba la categoría de bachiller, relata la vida de la juventud en San José de Gracia, un pueblo rico en economía pero alejado de la civilización que se pierde entre las montañas por la falta de un camino que lo acerque a los servicios más elementales. 

“Muelen tierra y sacan oro”. 

¿A qué edad se casan las mujeres aquí? 

“Entre 14 y 15 años, la mayoría”. 

¿No quisieras correr la misma suerte? 

“No, yo quise estudiar, quiero ser alguien en la vida, sicóloga me gustaría”. 

¿En qué se divierten las chicas de aquí? 

“En el teléfono ahora, antes nos llevábamos jugando al voli, a la pilingrina, así nos juntábamos en bola a jugar”, relata la adolescente a la que la educación a distancia le ha permitido superarse desde que estaba en preescolar. 

De repente en el camino, poco menos de una hora antes de concluir el recorrido entre lo majestuoso de la vegetación y lo profundo de los acantilados, hay que detener la marcha, lo empinado de la montaña impide el avanzar, lo que amenaza el día; no fue necesario abandonar la travesía, la fuerza de un Jeep permitió continuar. 

¿Es San José de Gracia aquello que se distingue? Enclavado en la zona y rodeado de montañas alcanza a verse una pequeña construcción, parece un pequeño represo pero es la laguna de oxidación de la mina, esa que hace la principal actividad económica del pueblo para los hombres, la mayoría dedicados al trabajo rudo. 

Hasta ahora Jesús ha escapado de sus raíces que se empeñan en absorberlo, no quiere emplearse en la mina, tampoco en la ganadería, quiere estudiar, ser un gran personaje quizá como Alfonso Genaro Calderón, que llegó a ser gobernador de Sinaloa y cuya niñez pasó en el mismo pueblo que hoy él disfruta. 

“Aquí venden el internet y estamos comprando, (es la única forma de comunicación que tienen) por mes y por semana, depende de lo que compres, yo compraba de mes me costaba en 400”, detalla. 

Grandes edificaciones estilo hacienda se levantan en una pequeña comunidad con un kiosco y una plazuelita pegada al centro cultural cuyas paredes viejas construyen el escenario perfecto del lugar, pintoresco como ninguno y precioso a la vista aún con todas las carencias que presenta. 

Es el centro de la cabecera de sindicatura, el que muchas veces ha visitado Lucero, una jovencita que se niega a quedarse a vivir para siempre ahí, se ha contagiado del deseo de superación que lamentablemente su pueblo no le ofrece. 

“Quiero estudiar, hacer una carrera, ser alguien”. 

¿Dónde? 

“En Los Mochis es lo más seguro, tengo familia allá”.  

¿Cuántos años tienes? 

“Yo tengo 14 años”, dijo. 

San José de Gracia, a seis horas de distancia de la ciudad más próxima no es lo más alto de la sierra, a cuatro horas más está Alisos de Olguín, más arriba en los límites del estado de Sinaloa con Chihuahua se pierden muchas comunidades, la de los tarámaris, aquellos que cuando mucho pueden aspirar a ser bajados al pueblo cuando requieren de un médico y que su enfermedad es apremiante. 

La distancia es tan grande y no sólo en kilómetros que hay que ser apoyados a veces al lomo, otras veces a pie, en caballo, burro y por fin pidiendo el raite a algún desbalagado que se cruce en el camino. 

Un pequeño arroyo da la bienvenida a los visitantes, es una imagen sin igual que abraza y te invita a regresar pronto, aún con todos los contratiempos para encontrar, un tesoro perdido entre las montañas. 

*JE*

Fuente: Línea Directa

Comentarios

Aliquam velit, mattis vulputate, id, felis leo amet, Phasellus