Norte

¡De corrido! Lo sepultaron dos veces; fue la ‘última broma’ de don Miguel

¡Lo hacen de nuevo! Por tercera ocasión en el estado entregan cuerpos equivocados; como caprichos de la muerte le repusieron los funerales a quien en vida pidió cómo ser sepultado

Guasave, Sin.- Fue la última broma que se “aventó” don Miguel Ángel, es lo que dicen sus hijos, de esas en las que ya lo único que les queda es reírse de las desgracias. Su padre cumpliría 74 años de edad el próximo mes de septiembre, no le llegó.

A penas el sábado lo sepultaron por segunda ocasión; así fue, por que un día antes su cuerpo había sido entregado a una familia de la sindicatura de Ruiz Cortines, quienes a sabiendas de que su ser querido murió a causa de COVID-19 sellaron la caja y rápidamente le dieron cristiana sepultura.

Cuando a la nieta de don Miguel Ángel le pidieron en la clínica 32 del IMSS en Guasave que pasara a identificar el cuerpo a la morgue, inmediatamente lo rechazó, porque no era tal, situación que les hizo iniciar toda una investigación, era el único fallecido que quedaba, el resto ya estaba entregado a los supuestos deudos, así que emprendieron el recorrido hasta dar con él y para su sorpresa,  lamentablemente ya había sido sepultado.

“Le hablan a mi hija para que reconociera el cuerpo pero no era mi papá, y la muchacha terca que si era y pues la verdad se hizo un desmadre, hasta que se investigó bien y el cuerpo de mi papá se lo entregaron a una familia de Ruiz Cortines y como el señor había muerto por COVID-19 no vieron el cuerpo, no abrieron la caja pero como al cuerpo le habían tomado fotos, por las fotos le preguntaron: ¿lo reconoces?, -sí es mi papá, ah pues es el que está allá en el hospital”, le dijeron.

Con el dolor de la pérdida la familia del otro difunto justificó que su padre era de color claro pero quien reconoció el cuerpo en el cuarto frío pensó que por el proceso de muerte, quizá, su rostro había tornado a morado, pues la tez del otro era morena.

“Lo enterraron con banda y mi apá no quería banda y lo tuvimos que desenterrar; en la caja venía envuelto en una sábana nada más, nosotros tuvimos que cambiarlo para ahora sí, para nosotros, pues ahora sí para nosotros. Ahora sí que como para corrido, cállese que mi amá estaba muy enojada porque pensaba que se lo había llevado la querida, como mi apá era medio vaquetón; fue una odisea, ya a lo último ya lo tomamos como la última broma de mi papá, el hombre al que lo enterraron dos veces”, narró su hijo Mike.

Ahora sí, en una segunda sepultura, cual si fuera el último de sus caprichos, así como él quería, el ataúd fue trasladado en su camioneta hasta el panteón, a su lado su inseparable amigo “Gallazo”, su caballo, quien no se le despegaba.

Don Miguel, de la sindicatura de Nío, quedó finalmente en el cementerio el pasado sábado, perdió la lucha en una quinta batalla, pese a que se confinó a su recámara de manera literal, a no salir, incluso ni para comer pero su corazón no resistió dos malas noticias previas: la muerte primero de doña Mary, luego de su consuegro Chuma, hermano de la primera, a quien veía como familia de sangre.

“Él ya había pasado por cuatro infartos, no aguantó el quinto porque se les murió una señora, al siguiente día, en menos de 24 horas se murió el consuegro de mi papá, y en 24 horas se murió mi papá, se murieron tres de la familia, a los hijos de mi hermana se les murieron sus dos abuelos en menos de 24 horas; tanto estrés, él ya tenía más de 3 meses en un solo cuarto sin salir de ahí, le llevaban la comida, con todas las medidas y nos llevó la chin…”, lamentó.

Más allá de la molestia que les causó el error cometido en la clínica a la que uno de los hijos incluso pensó en demandar, la historia de don Miguel de Nío fue particular, hasta en eso lo hizo, murió como él quería y no como la vida pretendió.

CKI

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Fuente: Línea Directa

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