Guasave, Sinaloa. Crisis sensoriales, cuadros de ansiedad y hasta dolor físico son algunos de los efectos que causa el uso de la pirotecnia en niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), como explicó Zulma Karina Gámez Cervantes, regidora de Guasave, presidenta de la asociación Infinito de Colores y madre de un niño neurodivergente.
Con la proximidad de las fiestas decembrinas, cada vez se vuelve más común el uso de explosivos como medio de entretenimiento; sin embargo, para un niño del espectro autista, es todo lo contrario. Lo que para alguien más son luces y colores llamativos, para un menor es una crisis que puede durar hasta dos horas seguidas.
“Pero sí, para una mamá de un niño neurodivergente sí nos preocupan estas fechas y tratamos de cuidarlos mucho en esos aspectos porque nosotros sabemos que una crisis de un niño, cuando entra la crisis, puede durar hasta dos horas del niño llorando y para estabilizarlo es complicado, pues entonces ya le roban la noche a ese niño, tú, con esa práctica”, lamentó.
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Para evitar estas crisis, las madres colocan audífonos a los menores, e incluso los mantienen en una habitación cerrada, esperando a que el estruendo de la explosión no llegue a sus oídos, muchas veces, sin buenos resultados por la hipersensibilidad auditiva de los niños.
Gámez Cervantes lamentó que sea una situación que no se pueda controlar, pues es una actividad culturalmente arraigada a las fiestas decembrinas; sin embargo, hizo el llamado a la ciudadanía para que sean empáticos.
“Valorar si realmente vale la pena el uso de pirotecnia, a pesar de que también están afectando a terceros; tenemos que ser empáticos si tenemos vecinitos neurodivergentes, animalitos, tratar de ser responsables y, si la vas a usar, usarla lo más alejado posible y lo menos que puedas afectar”, expresó.
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¿Qué es el autismo y el TDAH?
El autismo (TEA) y el TDAH son trastornos del neurodesarrollo que afectan cómo el cerebro procesa la información, pero se manifiestan de forma diferente: el TEA se centra en desafíos de comunicación social y comportamientos repetitivos, mientras que el TDAH se caracteriza por falta de atención, hiperactividad e impulsividad, aunque pueden coexistir en la misma persona. Ambos son condiciones neurológicas con bases genéticas y ambientales, y afectan habilidades sociales, concentración y lenguaje, pero con síntomas distintos que a veces se confunden.