Culiacán, Sin. La ofensiva militar coordinada entre Estados Unidos e Israel contra Irán no es un hecho aislado ni regional, sino un episodio con potencial de repercusiones globales, advirtió Abel Sánchez, catedrático de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), licenciado en Relaciones Internacionales, con maestría en Estudios de Estados Unidos y Canadá y próximo a concluir su doctorado.
Durante su participación en la Mesa de Análisis de Línea Directa, el académico señaló que en la era de la globalización ningún conflicto queda distante para el resto del mundo. Recordó que la guerra en Ucrania dejó claro cómo un conflicto localizado puede alterar cadenas de suministro y provocar aumentos en productos básicos como los granos. En el caso de Medio Oriente, explicó, la interconexión es aún más sensible debido al papel estratégico que la región desempeña en el tránsito de petróleo hacia potencias como China y Europa.
Sánchez subrayó que Eurasia ha sido considerada históricamente por los teóricos clásicos de la geopolítica como el “pivote del mundo”, una zona cuyo control implica influencia decisiva sobre el equilibrio global. En ese sentido, apuntó que la actual escalada no solo involucra capacidades militares, sino también factores energéticos y económicos de gran alcance.
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Respecto a la capacidad nuclear iraní, mencionó que varios complejos estratégicos fueron bombardeados previamente, debilitando su potencial, aunque persiste incertidumbre sobre el alcance real de los daños. Indicó que la Organización Internacional de Energía Atómica expresó sorpresa por el tipo de armamento empleado en ataques recientes.
En cuanto al momento en que ocurre esta ofensiva, explicó que en política internacional existe el concepto de timing, es decir, el momento oportuno para actuar. A su juicio, en Irán se conjuntaron diversas condiciones: debilitamiento militar previo, tensiones internas con protestas contra el régimen y un entorno internacional marcado por conflictos simultáneos, considerados entre los más violentos de los últimos años.
Añadió que Estados Unidos ha aplicado una estrategia de “administración de conflictos”, evaluando constantemente riesgos y consecuencias, especialmente en un contexto de procesos electorales próximos, lo que podría influir en el nivel de involucramiento y control que busque mantener en la región.
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El académico también señaló que la diplomacia jugó un papel ambiguo previo al ataque, generando expectativas de negociación sobre el programa nuclear iraní y el posible levantamiento de sanciones, mientras paralelamente se reforzaba la presencia militar en la zona. La ofensiva, dijo, sorprendió incluso a mediadores que consideraban viable un acuerdo.
La ofensiva reciente, que dejó cientos de víctimas y la muerte de mandos iraníes de alto rango, ha elevado la tensión en una región ya cargada por sanciones, disputas estratégicas y rivalidades históricas. Para Sánchez, el riesgo de escalamiento es real debido al perfil de los actores involucrados y la multiplicidad de frentes abiertos a nivel global.
¿Qué impacto podría tener este conflicto fuera de Medio Oriente?
Podría reflejarse en aumentos en los precios del petróleo, volatilidad en mercados financieros y presiones en cadenas de suministro estratégicas.
¿Existe riesgo de que escale a un conflicto más amplio?
Sí, debido a la participación de potencias y aliados estratégicos, así como a la fragilidad del equilibrio regional y global.