Guasave, Sinaloa. Un reemplazo temporal fue suficiente para que Minélida Ochoa Félix encontrara el camino que marcaría su vida. Ingresó a la Cruz Roja como enfermera para cubrir a una compañera en la base de Ruiz Cortines, sin imaginar que esa decisión la llevaría a construir una historia de casi tres décadas al servicio de los más vulnerables.
Con los días, el voluntariado dejó de ser una obligación y se transformó en vocación. No tardó mucho en integrarse por completo a la institución. Se formó como técnica en urgencias médicas y posteriormente tomó el curso de operadora de ambulancias, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en Guasave en conducir una unidad de emergencia.
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Desde entonces, el uniforme blanco y rojo ha sido parte de su identidad. Durante más de 20 años recorrió las calles como operadora, hasta llegar a coordinar a los socorristas del municipio. Su compromiso no tiene horarios. “Estoy 24/7 para quien lo necesite”, afirmó.
La responsabilidad va más allá del servicio, también implica cuidar de quienes lo brindan: los jóvenes voluntarios que bajo su supervisión responden ante cualquier llamado.
A lo largo de su trayectoria ha enfrentado retos mayores: desastres naturales, operativos en temporada de huracanes y la atención en campos agrícolas que cada año reciben a miles de trabajadores foráneos.
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“En esas temporadas se excede nuestra capacidad de respuesta, pero nos coordinamos con todas las instituciones”, explicó.
Hoy, el lugar donde comenzó todo está siendo demolido para dar paso a una nueva base. Lejos de la nostalgia, Minélida celebra el cambio.
“Fue una mezcla de emociones, pero me siento muy feliz de que se esté construyendo algo digno para las nuevas generaciones”, dijo.

Minelda Ochoa expresó su contento por ver que se construirá una nueva base para Cruz Roja | Foto: Jonathan Espinoza
Y es que su legado también se escribe en casa. Dos de sus hijas siguieron sus pasos como enfermeras y paramédicas, su hijo opera una ambulancia y su nieta también se ha formado como técnica en urgencias médicas. Entre todos comparten algo más que profesión: una convicción profunda por ayudar.
“Cuando entras, ya no te puedes salir. Te enamoras de la institución, del compañerismo, del momento en que puedes salvar una vida”, expresa.

Foto: Jonathan Espinoza
Con 51 años de edad y casi 29 de servicio, Minélida no solo es una figura clave en la Cruz Roja Guasave, es testimonio vivo de que el voluntariado cuando se abraza con el corazón se convierte en destino.