Sinaloa

‘¡Ay Dios mío, qué caro está esto!’: El tiempo le dijo a Rocío que vale la pena cobrar lo justo

De elaborar accesorios y joyería, y al verse afectada en las ventas, ante esta pandemia del COVID-19, optó por ofrecer hoy ceviche y raspados, pero la lucha sigue para tener ingresos y cubrir a su familia

¡Ay Dios mío, qué caro está esto! El tiempo le dijo a Rocío que vale la pena cobrar lo justo (Juan Luis Vargas)

¡Ay Dios mío, qué caro está esto! El tiempo le dijo a Rocío que vale la pena cobrar lo justo (Juan Luis Vargas)

Mazatlán, Sin.- La crisis económica que desencadenó la pandemia del COVID-19, provocó el resurgimiento de la solidaridad en unos y también a buscar nuevas alternativas que ayuden al sustento familiar. Rocío Lobatos Valdez, quien vive con su esposo e hijas en la colonia Universo en Mazatlán, es una de esas tantas historias, que hoy lucha día a día para tener el alimento en casa.

Rocío, desde hace años le apostó a elaborar joyería de fantasía más creativa y accesible al bolsillo de las mayorías, accesorios que vendía en la Plazuela Machado en el puerto, ingresos que le permitían apoyar con los gastos de casa, a su esposo quien es policía y dar educación a sus hijas, pero esta situación del COVID, les impidió seguir laborando. 

“Una vez yo compré un semanario, me acuerdo, en aquel entonces, me lo dieron en 350 pesos y dije yo: ¡Ay Dios mío qué caro está esto! No, dije, yo lo puedo hacer; fui a la tienda, compré material y lo hice, ahí es donde comprendí realmente que es mucho trabajo hacer eso, tiempo”. 

El alto costo de un semanario que compró en su momento y le pareció muy caro, la llevó a aprender sobre la bisutería y demostrarse a sí misma que había capacidad y podría hacerlos, tanto que consiguió 3 mil 500 pesos y hasta un curso pagó, y aunque le costó trabajo en esas horas, de ahí cristalizó su pequeño comercio. 

“Le digo que estaba muy triste, todas venían de Guadalajara, de Culiacán, de Ciudad Obregón, todas traían sus kits de herramienta, yo nomás mis tres pincitas básicas, me gustó, le entendí sin saber, me explicó la maestra y ese día saqué los cinco diseños, y vendí esos diseños y con eso retribuí el dinero que había pagado en ese curso”. 

Hasta antes de la cuarentena por el coronavirus, describe Rocío, ella se sumaba a los comerciantes que vendían sus accesorios en la Plazuela Machado, y entre las maestras en las escuelas ofrecía sus productos o hasta cursos impartía, pero al limitarse las labores por la emergencia sanitaria para llevar el sustento a sus tres hijas en edad de primaria, preparatoria y universidad, dio una reconversión a su vendimia. 

“Está muy baja la venta, pues me tuve que poner a vender ceviche, tostilocos, raspados, aquí en la parada de los camiones, todo el día, ve como estoy de prieta, todo el día pues desde las 12:00 hasta las 6:00 de la tarde, pues mire gracias a Dios, sí me va bien, se gana lo que se invierte y gana”. 

La madre de familia que en casa comparte espacio con 12 personas, porque reside la suegra y sobrinos, éstos últimos de su esposo y entre todos comparten gastos, en medio de estos tiempos críticos, pero la lucha todos los días es tener un alimento y concretar que sus hijas tengan los estudios para que sean alguien el día de mañana. 

En su humilde hogar, de la colonia Universo, dijo la entrevistada, padecen de la proliferación de mosquitos, de la falta de alumbrado público y claman porque las autoridades vayan a raspar aunque sea las calles de tierra por el lodazal que se ha hecho con las últimas lluvias.   

Al sitio acudió este martes el presidente de la Agrupación “Pucheta, Una Mano Amiga”, Fernando Pucheta Sánchez, quien le reconoció su esfuerzo. 

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*JE*

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Fuente: Línea Directa

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