Culiacán, Sinaloa. En medio de abrazos, recuerdos y palabras que brotaron desde el alma, la comunidad de Pueblos Unidos celebró este fin de semana su 46.° aniversario de fundación con un homenaje a una de sus mujeres más queridas: Doña Adela García Someda de Valenzuela, reconocida por ser no sólo fundadora del lugar, sino también una fuerza vital en su desarrollo económico, social y humano.
A sus años —que ya pesan en su andar, pero no en su memoria— doña Adela se sentó en la plazuela principal rodeada de aplausos y miradas que decían más que las palabras. Ahí, el síndico de Emiliano Zapata, José Guadalupe Melgar Reynaga, le entregó un reconocimiento en nombre del pueblo entero.
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La historia de Adela está ligada al desarraigo forzado. Fue una de las tantas personas desplazadas de Comedero y comunidades cercanas en Cosalá, luego de que se construyera la presa que lleva ese nombre. Con su esposo, José Anselmo Valenzuela, levantó desde cero una tienda que no sólo vendía: fiaba, confiaba y ayudaba.
“Siempre apoyó a los que menos tenían, no sólo del Comedero, sino de pueblos vecinos como Aguacaliente, Las Cruces, Casa Blanca, El Papachal”, dijo uno de los vecinos mientras la homenajeaban. La recordaban con cariño quienes la conocieron vendiendo cacahuates, ajonjolí, recibiendo a cambio puercos, gallinas o trabajo.
Toño Sánchez, ex síndico de Pueblos Unidos y también desplazado del Comedero, fue claro en su sentir: “Adela siempre la hemos querido y la vamos a seguir queriendo porque siempre se portó muy bien con nosotros… Para nosotros, Adela es una joya de oro. Yo no tengo palabras para decir lo que siento por ella y por sus hijos”.
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El reconocimiento no sólo fue institucional, fue íntimo. Jacinto, un hombre de 90 años, contó con nostalgia cómo doña Adela casi crió a su hija Virginia, que de niña fue acogida en la tienda. “La cargaba pa’ arriba y pa’ abajo”, dijo con una sonrisa entrecortada por los años.
Otro testimonio fue el de Salomé Madueña, originario del Comedero. “Tenía yo 14 años cuando empecé a trabajar con ellos como cargador… Ella me trató de lo mejor toda mi vida”, expresó con voz firme.
Durante la ceremonia, el síndico de Pueblos Unidos subrayó que doña Adela representa “un ejemplo de trabajo, de visión empresarial y de compromiso comunitario”.
La comunidad entera lo confirmó con cada aplauso, cada anécdota, cada lágrima compartida.
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Antes del homenaje, doña Adela conversó brevemente con los presentes. Recordó que llegó junto con su esposo a vivir al Comedero, proveniente de la comunidad de Aguacaliente.
Ella nació en la comunidad de Amaculi, del vecino estado de Durango, pero desde pequeña se fue a vivir con una hermana mayor a otro pueblito, llamado Las Vegas, donde conoció a su esposo y que al desposarse se mudaron a Aguacaliente.
“Los años que viví en Comedero fueron una vida hermosa. La gente era buena. Los años que vivimos fueron hermosos. La gente muy familiar, yo la sentía con confianza a la gente, además muy respetuosa. La verdad, yo tengo muy bonitos recuerdos de la gente de allá”, expresa con añoranza doña Adela.