Guasave, Sin.- ¡Un paso más Paty, un paso más Paty! Eran las súplicas del personal de rescate que en la parte de abajo hacía esfuerzos para convencer a la joven de 19 años que este miércoles estuvo por espacio de hora y media amenazando con quitarse la vida.
Debido a las transmisiones en vivo que se hicieron en redes sociales, al lugar llegaron conocidos de la joven, así como algunos familiares, quienes de inicio buscaban disuadirla pero cuando le pedían acercarse a ella, se negaba, fue la promesa de llevar al hermano lo que la hizo detenerse un poco en sus intentos, ¿Dónde está?, preguntó a quienes le prometían verlo, inmediatamente se comunicaron con él vía telefónica, estaba ajeno a lo que estaba ocurriendo.
En cuanto estuvo ahí, subió la escalera a toda prisa para llegar hasta donde estaba ella, le pedía que lo viera, que lo escuchara y que tomara su mano.
“Paty, Paty no, por favor, escúchame”.
“¿Y mi hermano, ¿dónde está?”.
“Ya fueron por él, Paty, lo van a traer, ya le hablé”.
“No, no, no, Paty mira, qué quieres, pide lo que quieras, ya fueron por él, ¿qué más quieres?”.
“No quiero que me encierren”.
“No, no te van a encerrar, ya te dije”, le decían para convencerla.
“Acércate, le decían, tócalo es él, ¿qué no querías ver a tu hermano?, aquí está, toca su mano”, eran las palabras que intentaban salvar una vida mientras ella le hacía prometer a su consanguíneo que no la encerrarían.
Abajo, a lo largo de la carretera internacional, la contingencia sanitaria se olvidó, la sana distancia no acudió y los tumultos rodearon la escena, Paty escuchó muchos gritos, ponía incluso atención a quienes le llamaban sin saber su nombre, algunos de ellos inconscientes al momento otros más alentándola a vivir.
“Hey morra, morra, bájate ya”.
“Me voy a subir por ti, ándale”.
“Ya déjate de cosas, la voy a bajar con la vara de guásima”.
“Muchacha, bájate de ahí no vale la pena, mira a toda esta gente, te está viendo, ¡no!”, le gritaban.
Momentos álgidos en las emociones cuando ella se sacudía desesperada en lo alto del puente que a más de 40 grados centígrados calentaba las plantas de sus pies, el tiempo empezaba a hacer mella en su organismo que por tiempos parecía desvanecerla y amenazaba con tirarla.
Finalmente, cruzó la estructura dio la vuelta, tomó la mano de su hermano y dobló las piernas para permitir la ayuda.
“Dale la mano a tu hermano”.
“Es todo”.
“Hay que animarla, bravo Paty, es todo, bravo”, celebraban al bajarla.
Fue ahí cuando el aplauso no se hizo esperar, la vida le estaba ofreciendo una segunda oportunidad, que tomó.
Los brazos del hermano la cargaron, su familia la rodeó y bajó con ella por el paso peatonal hasta una camilla de la Cruz Roja, que la esperaba para trasladarla al hospital.