Guasave, Sin.- Los esfuerzos estaban llegando al límite de la desesperación pero por más que le explicaba Omar no entendía ¿cómo iba a hacerlo si no había comido’ o quizá las carencias en las que vivía no le daban para pensar en algo más.
Al profe Sixto le ha tocado ver muy de cerca la pobreza, sabe muy bien de las necesidades que tienen sus 10 alumnos, los de Mazocari, municipio de Sinaloa, allá donde se vive del carbón que se produce o del estacón que logran vender para las siembras de tomate, ¿cuánto pueden ganar?, se pregunta a la vez que se conduele de la situación.
Por eso ahora que empezó la pandemia por coronavirus y ya no pudo ir a la telesecundaria donde imparte el primer grado a uno de los tres grupos que la integran, pensó que podría hacer algo más por sus muchachos que llevarles enseñanza, lanzó una convocatoria a los guasavenses para hacer una colecta de víveres, no podía dejarlos en el olvido.
“Está mal que yo lo diga pero mi mente siempre está pensando en ellos, en cómo estarán, qué necesitarán. El ver a su maestro para ellos es hacerles saber que no están a solos, están al pendiente de mí, a lo mejor batallé algunos días pero ya fui a darme la vueltecita y les brindamos así el comer con nosotros. Yo sé que la satisfacción me la llevo yo”, dijo en razón a la ayuda que pudo llevarles.
No fue mucho lo que colectó, unos parientes le donaron unos costales de mitades de frijol y con lo que juntó de alimentos les hizo unas despensas, subió no solo a dejarles tarea para los siguientes días, sino a darles ánimo para salir adelante y saciar un poco el hambre.
El profe Sixto Quiroz tiene 19 años que se graduó de profesor, antes estuvo laborando en algunas escuelas particulares, se fue a Tijuana, trabajó un tiempo hasta que en el 2011 se incorporó al sistema de telesecundarias. Desde que inició este ciclo va y viene cada semana a la sierra sinaloíta, antes estuvo en la comunidad de La Vaca, Choix.
Es en aquellas zonas donde no hay lugar para la distancia, el profesor se convierte en parte de la familia, por eso cuando detectan que algún muchacho, de los 30 que integran la matrícula, anda merodeando el plantel, él y sus dos compañeros docentes lo invitan a comer o a cenar, cada semana tratan de compartir con dos diferentes buscando abarcar a todos.
La mayor satisfacción es el deber cumplido, tanto que en su mente se quedó para siempre aquella experiencia que tuvo con uno de los alumnos de primer grado de secundaria, ya había vencido sus esfuerzos para hacerle entender algo tan básico que terminó por sacarlo del grupo, regresarlo a la realidad y entonces, pudo respirar profundo.
“Tanta era su carencia, traté de explicarle de muchas maneras con dibujos, con figuras, el niño no me entendía, no le daba, cuánto era la mitad de uno, hasta que ya al borde de la desesperación, le dije, ve allá con la maestra Celina y hazle una pregunta, –¿Qué le voy a preguntar-, me dijo. Pregúntale cuánto es la mitad de uno, es que quizá tú no lo entiendas porque aún eres muy chico y yo te estoy presionando para entender. Si yo tengo un peso y lo quiero repartir para ti y para mí, – pues nos va tocar de cincuenta centavos-, le dijo el niño, lo que me motivó mucho”, narró el profesor con una emoción que se olía en las palabras.
Y es que refiere que la compañera maestra entendió inmediatamente que el profe le estaba pidiendo su ayuda porque algo tan básico se puede convertir en todo un reto cuando al organismo le hace falta el alimento.
Este Días del Maestro, el profe Sixto la pasó lejos de sus alumnos, no hubo detalles ni regalos para él, como sí los pudieron haber recibido otros colegas pero no es eso lo que lo mueve sino el pensar en dejar huella en los seres humanos del mañana porque no trabaja solo, con su familia ha formado gran equipo, en el que hasta su madre participa en la preparación semanal que llevará a la sierra.






