Canadá. Una investigación de la Universidad de McGill, en Canadá, demostró que consumir demasiada sal no solo afecta a los riñones o los vasos sanguíneos, como se ha creído por décadas, sino que también provoca inflamación en el cerebro, lo que incrementa la presión arterial. Los hallazgos fueron publicados en la revista Neuron.
El estudio sugiere que el cerebro podría ser un eslabón perdido en ciertos tipos de hipertensión, sobre todo en el tercio de pacientes que no responde a los fármacos tradicionales, diseñados para actuar sobre el sistema circulatorio y renal.
El equipo de investigadores, encabezado por el profesor Prager-Khoutorsky, expuso a un grupo de ratas a agua con un 2 % de sal, proporción equivalente a una dieta cargada de comida rápida, tocino, fideos instantáneos y quesos procesados. La elección de ratas, y no de ratones, se basó en que sus mecanismos de regulación de sal y agua se asemejan más a los de los humanos.
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Los resultados mostraron que una dieta alta en sal activa células inmunitarias en una zona específica del cerebro, generando inflamación y aumentando la liberación de vasopresina, hormona que eleva la presión arterial. Estos cambios fueron registrados con modernas técnicas de neuroimagen y laboratorio.
Khoutorsky destacó que el rol del cerebro en la hipertensión ha sido poco explorado debido a la dificultad de estudiarlo, pero las nuevas tecnologías permiten observar directamente el proceso.